Mucho se ha ironizado en
torno a la valoración de Pedro Sánchez sobre el resultado
“histórico” de los 85 diputados tras el 26J. Resulta que ahora,
quienes más le criticaron, dentro de su partido, le están dando la
razón: salvar los 85, por encima de todo, es el único objetivo de
la dirección actual del PSOE, un objetivo exclusivamente partidista
que tratan de ocultar tras un supuesto interés “por España”.
Pero que no nos engañen.
Lo peor es que se engañan
a sí mismos. Tras le investidura de Rajoy, gracias a la abstención
del PSOE, éste quedará incapacitado para ejercer una oposición
real y efectiva. Podrá hacer amagos, de cara a la galería, pero, en
las cuestiones que Rajoy considere “fundamentales” para llevar a
cabo su política de recortes y de sumisión a los poderes ocultos
europeos, si el Presidente no recibe el apoyo socialista, está claro
que amenazará con convocar elecciones, las terceras, a los seis
meses, un año o dos, y los socialistas serán los culpables. Los
futuros chantajes están servidos. Y, la única forma de mantener los
“históricos 85” será ceder, y ceder, y ceder... Mantener los
85, como mucho, lo podrá hacer durante los próximos cuatro años.
¿Y después? Y eso, si Rajoy, que, de una u otra manera, tiene en su
mano agravar la crisis socialista, es benevolente o, mejor, si actúa
como un astuto y fiel defensor del bipartidismo (que tanto interesa a
los poderes ocultos). ¿Qué seguridad tienen los defensores de la
abstención socialista de que ésta no va a contribuir a su debacle?
Aunque parezca
sorprendente, está en manos del PSOE hacer que su crisis termine. Le
llevará tiempo, está claro, pero puede hacerlo. Sólo tiene que
aplicarse la misma medicina que defendía para que el PP se
regenerase: después de votar NO, pasar a la oposición, aún a
riesgo de perder más diputados, en unas nuevas elecciones, y
recapacitar. Reconocer que la cuesta abajo del partido no se debe
sólo a Pedro Sánchez, sino que el declive es el resultado de toda
una trayectoria, de la que el principal responsable es Felipe
Gónzalez (por personificar en el líder con más influencia dentro
del partido) y toda su línea política llena de demagogias,
incoherencias y compromisos con los poderes ocultos, materializados
en los Pactos de la Moncloa, la entrada en la OTAN, las negociaciones
para la entrada en Europa, las reconversiones industriales, la Ley
Corcuera, las reformas laborales y las políticas fiscales,
claramente regresivas, y de las cuales pretende ser heredera
universal Susana Díaz.
El PSOE necesita de una
verdadera catársis, “una purificación, liberación o
transformación interior, suscitadas por una experiencia vital
profunda, incluida la expulsión espontánea o provocada de
sustancias (no personas) nocivas al organismo”. Expulsar a personas
no, pero sí ponerlas en cuarentena, a ellas y a lo que representan.
Ahora mismo, el Comité Federal, como mínimo, si persiste su mayoría
en facilitar la investidura de Rajoy, debería obligar a los 20
diputados andaluces a ser ellos quienes asuman, en exclusiva, la
responsabilidad de abstenerse ante Rajoy. Sé que no se puede
constitucionalmente obligar a cada diputado votar en un sentido u
otro, pero para eso está la tan cacareada “disciplina de voto”
dentro del partido, ¿no?
Lamento centrarme tanto
en lo que el PSOE deba o no hacer, aunque sea el propio PSOE el que
ha decidido, mal que le pese, ponerse en el centro del debate. Y lo
lamento porque el PSOE ha suscitado tradicionalmente, en torno a sí,
muchas ilusiones y la situación a que ha llegado está creando mucha
confusión, cuando no, una clara frustración en mucha gente
sencilla.
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