domingo, 15 de octubre de 2023

HIPOCRESÍA EN LA ESPAÑA ROTA

 

HIPOCRESÍA EN LA ESPAÑA ROTA

Me encontraba reflexionando sobre la España que “se rompe” cuando, como un mazazo, me cayó encima lo de Israel y Palestina. Quedé paralizado. ¡Cómo no! No sabía qué hacer, si seguir con mis reflexiones o cambiar de tema. Pero me pareció oportuno esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Maldita ilusión: no había nada que esperar, los acontecimientos se iban a desarrollar, se están desarrollando, en un mismo sentido, en la misma dirección, según lo previsto, como siempre: lo que ha venido sucediendo durante decenas de años no iba a cambiar de golpe y por arte de magia. Tampoco cambiaría el clamor unánime de la opinión pública que resonaba en todas las televisiones, tantas veces repetido: “el que ataca es el culpable y el atacado tiene todo el derecho a defenderse”. Y me acordé de Ucrania y el derecho a defenderte cuando  invaden tu territorio.

¿Pero qué tiene esto que ver con la España que se rompe? Pues, simplemente, la hipocresía: que, en mi opinión, España está rota desde hace mucho tiempo y nadie se escandaliza, al revés, nos martirizan a diario con la matraca de que el actual Gobierno en funciones está rompiendo España.

Al final, he visto que hay algo que une los dos temas: la doble vara de medir, la cortedad de las argumentaciones, el olvido de muchos años de historia, cuando no el descaro a la hora de cargar las tintas… la hipocresía, el cinismo.

La franja de Gaza es una bomba en sí misma: 380 km2 y dos millones de habitantes, la zona del mundo con mayor densidad de población: 5.260 personas por km2. Cantabria, con una superficie de 5.321 Km2 y una población de 589.765 habitantes, 110 por km2, es una región pequeña si la comparamos con el resto de las Comunidades Autónomas, pero es muy grande si la comparamos con Gaza.

Ante lo que está ocurriendo, no cabe la equidistancia, los datos son aplastantes, la historia es muy larga. Netanyahu, tras conocerse la incursión miliciana en Sderot, habló enseguida de "estado de guerra", "estado" que fue luego declarado formalmente por el Gabinete de Seguridad Interior. Israel, sí, está en guerra contra Palestina desde su fundación, hace ahora setenta y cinco años. ¿Quién atacó primero?

 “A los palestinos se les exige siempre una moral superior, ejemplar, aunque sean víctimas de una ocupación sangrienta e ilegal. La asimetría no es únicamente militar. También es, si se quiere, ética: porque ocurre que una respuesta equivalente al terror del agresor, Israel, en este caso, convierte a la víctima, Palestina, no en un criminal igual sino en un criminal mayor”. Los palestinos sufren, por lo tanto, esta doble injusticia: la de vivir bajo una ocupación ilegal y la de tener que ser más justos que sus enemigos, y ello en condiciones de presión y humillación constantes, la injusticia de no poder ser tan criminales como sus verdugos. No tienen derecho a ser verdugos. No se les permite. No pueden. No deben.

Hay quien condena la actuación de Hamás, yo entre ellos, sin ambages, porque ha matado “a sangre fría”, cruelmente, bárbaramente. Israel, sin embargo, parece que está matando “a sangre caliente” ¿no? Con todo el derecho… pero matando. La historia de los asesinatos israelíes “a sangre fría” es, por lo demás, interminable. Negarlo es una indecencia. Olvidarlo, en los momentos actuales, una desvergüenza. Todas las muertes violentas son condenables.

Con la palabra “terrorista” se nos llena la boca. Los terroristas “pretenden dominar por el terror, actúan criminalmente, en bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común, lo hacen de modo indiscriminado, y sin atenerse a legalidad internacional alguna, producen violencia y dolor, pretenden crear alarma social con fines oscuros”, diría la Academia. Pero los ejércitos no. ¿Los ejércitos no? ¡Ja! Los Estados declaran la guerra legalmente y mandan a sus ejércitos regulares a combatir, dentro de unas normas internacionales. ¡Ja! Teoría. ¿Qué es, que los ejércitos no siembran el terror para poder vencer? ¿no lo hacen organizadamente, indiscriminadamente, saltándose las convenciones internacionales? Todas las guerras, por su naturaleza, son sucias. La lucha de los terroristas no es una guerra, dicen, es una barbaridad, una masacre. A Palestina no se le permite declarar la guerra legal (¿hay guerras legales?), solo hacer barbaridades, porque no es un Estado y no puede tener ejército regular. Entonces ¿qué es?

Hablar de "terrorismo" en este caso tiene el efecto de ocultar la guerra desigual entre Israel y Palestina, una guerra asimétrica en la que una potencia ocupante, con recursos militares superiores a los de España, vanguardia de la tecnología armamentística, se enfrenta a grupos armados de fuerza muy limitada, cuando no -como hemos visto en sucesivas Intifadas- a poblaciones enteramente desarmadas. Enumerar todas las atrocidades llevadas a cabo por Israel sería interminable. Pero ignorarlas, olvidarlas, ocultarlas, repito, es indecente.

¿De qué estamos hablando? Parece, ahora, que le preocupación principal es saber cómo Hamás pudo prepararse sin que Israel se enterase. O eso quieren que pensemos, que es la cuestión más preocupante. La pregunta resulta un tanto simple e ingenua. Todas las explicaciones son posibles, sí. Y, sin entrar en especulaciones conspiranoicas, no se puede descartar que, en este conflicto, y en la coyuntura actual por la que atraviesa la zona y el propio Gobierno de Israel, estén operando intereses geoestratégicos y de todo tipo, de alcance internacional: ¿por qué ahora? De momento solo podremos hacer especulaciones, pero, con eso, únicamente lograremos desviar nuestra atención de la tragedia humana que no cesa.

Estamos expectantes por ver qué pasa y nos centramos en calificar el ultimátum de Israel de replegarse los palestinos hacia el Sur como algo imposible, pero no nos plantearnos qué hacer para evitarlo, como si la amenaza fuese inevitable. Cuando esto escribo, aún no ha terminado el plazo. Pero veo que nadie se pregunta si, una vez entradas las tropas y haber arrasado todo, Israel se retirará y volverá a sus cuarteles. Creo que no: después se quedará con los escombros, sí, pero, sobre todo, con lo que hay debajo: el territorio. En mi opinión, la verdadera intención, la no declarada intención, es quedarse, avanzar, arrebatar un trozo de terreno más que sumar a todo el arrebatado durante las guerras anteriores y a lo largo de los años. Tiempo al tiempo. Y, como consecuencia, acabar echando a los palestinos definitivamente de la zona. Lo de Hamás es un accidente: lo que estorba son los palestinos, en general. Y lo hará contra todas las resoluciones de la ONU, sí, no importa, ya habrá quien vete en el Consejo de Seguridad cualquier tipo de sanción para el Estado invasor. Y la Unión Europea ¿acordará sanciones como contra  el invasor Putin? De momento, solo estamos viendo que, en países democráticos de la ínclita Europa, se prohíben manifestaciones, como en Irán, Gaza, Cisjordania, Israel…

Decía que el conflicto palestino-israelí, salvando las distancias, participa de una característica común con la realidad de España a la que nos tienen acostumbrados y que nadie critica: la hipocresía, escandalizarse porque “España se rompe”, cuando realmente, está rota desde hace mucho tiempo.

En otra ocasión hablaremos de la pobreza el paro, la precariedad, la explotación, la violencia contra las mujeres, la desigualdad… de esa España rota… pero también de que la banca se forra y, sobre todo, de que una parte de nuestro territorio, de nuestras fábricas y nuestras viviendas, de nuestros campos y nuestra riqueza, han sido vendidos, por aquellos que defienden la “indisoluble unidad de España”, a países soberanos, ajenos al nuestro, a poderes financieros extraños… porque España no es una bandera, somos personas que vivimos y trabajamos en un territorio que nos pertenece, aunque cada vez menos… y hablaremos del derecho que tenemos a defendernos y de unirnos...   

 

 

lunes, 12 de junio de 2023

EN DESCARGO DE PODEMOS Y EN DEFENSA DEL MINISTERIO DE IGUALDAD

 

EN DESCARGO DE PODEMOS Y EN DEFENSA DEL MINISTERIO DE IGUALDAD

Siempre pensé que, quien airea las filtraciones de algo que se negocia con la necesaria discreción, su intención es entorpecer o impedir que la negociación tenga éxito. Y lo pienso porque una cosa es denunciar públicamente algo, firmando con nombre y apellidos la denuncia, y otra muy distinta difundir algo sin mencionar las fuentes, acogiéndose al anonimato, o a un turbio derecho de la Libertad de Expresión de proteger al informador.

Quienes defendemos la imperiosa necesidad de que se pueda volver a formar un gobierno de progreso, acabamos de vivir una angustiosa semana: teníamos muy claro que el PSOE, por sí solo, no va a obtener la mayoría necesaria para gobernar; y, por otro lado, asistíamos atónitos al desarrollo de unas negociaciones por alcanzar la unidad de las formaciones a la izquierda de los socialistas, de las que solo nos llegaban informaciones parciales (de parte), filtradas por unas y otras, y de las que, quienes tratan por todos los medios de impedir que la formación de un gobierno de progreso sea posible, se encargaban de airear, enfrentando noticias, declaraciones y rumores, con una clara intencionalidad.

Y no había más alternativa: o el PSOE, con el apoyo de las fuerzas que están a su izquierda, obtiene una mayoría suficiente, o gobernarán PP y VOX.

En medio de toda esa tensión, era difícil valorar con serenidad lo que estaba ocurriendo. Ahora tenemos acuerdo en torno a SUMAR, y con ello se cumple el primer requisito: registrar en tiempo y forma una coalición de unidad. Queda un segundo requisito por cumplir: presentar las listas. Y aunque, según lo firmado, la confección de las listas está casi o totalmente ultimada, tiene sentido que manifestemos distintas opiniones sobre la justeza y el acierto político de lo acordado. Con todo, quedará lo más importante: el Programa, para que sepamos qué vamos a votar.

Con esa intención van estas reflexiones.

Por una parte, es importante hacer una valoración política de la inclusión de Podemos en el proyecto SUMAR. Y, por otra, exigir a SUMAR que tome partido inmediatamente a favor de la continuidad del Ministerio de Igualdad.

A Podemos no se le puede valorar solo por los resultados de las últimas elecciones. Es cierto que desde las elecciones generales de 2016 a las últimas del 28M, Podemos ha perdido muchos apoyos, pasando de más de cinco millones de votos a 498.000, si se suman los votos  obtenidos en coalición con Izquierda Unida. Si se contemplan solo los obtenidos por Podemos en solitario, la cifra es mucho menor. Hay que tener en cuenta que los resultados de unas elecciones autonómicas o municipales no son extrapolables a unas generales, así como que, desde 2019, año de las últimas generales, a 2023, han cambiado muchas cosas.

Podemos fue fundado en enero de 2014. El movimiento del 15M había surgido en 2011. Le seguían las Mareas, la Blanca, la Verde, las “Marchas por la Dignidad” y otras movilizaciones. Era el momento propicio para llevar esos movimientos a las instituciones. Podemos, queriéndolo o no, ha sido el eje vertebrador de la izquierda a la izquierda del PSOE durante la última década.

Decimos queriéndolo o no porque si bien Podemos optó claramente por ser ese eje vertebrador, lo cierto es que no le quedaba más remedio: asumió esa responsabilidad con todas las consecuencias.

Podemos se encontró con que, en apenas dos años, desde su creación, tenía la posibilidad de obtener una amplia representación institucional, hasta el punto de aspirar a superar al PSOE. Era el año 2016.

Pero, precisamente porque solo contaba con esos dos escasos dos años, no tuvo tiempo, ni de poner en práctica su filosofía, ni de competir con el PSOE en implantación territorial: Podemos tenía que optar por dedicar todos sus esfuerzos en potenciar la creación de círculos en todos los pueblos, que era la base de su filosofía, o volcar las escasas fuerzas acumuladas en competir electoralmente… y optó por esto último: Errejón dixit, “nos tenemos que convertir en una eficaz máquina electoral para llegar al corazón del poder lo más rápido posible”. A decir verdad, nadie hubiese aceptado que, ante tales expectativas electorales, Podemos hubiese renunciado a ellas.

¿Las consecuencias?

Las mareas, las marchas y demás movimientos nos fuimos a casa, cómodamente, sin que nadie nos obligase, fiándolo todo a la acción política de Podemos en las instituciones.

Parece una fatalidad inexorable, que la acción institucional se coma a los movimientos populares. Y, a la vez, que se convierta en un espejismo: sin una mayoría aplastante en las instituciones, no se podrán hacer grandes transformaciones si , paralelamente, no hay un movimiento fuerte en la calle que empuje. Y, desde entonces para acá, ese movimiento, salvo la explosión puntual del feminismo, algo de ecologismo y algo también de los pensionistas, el movimiento, en su conjunto, está aletargado. ¿Resultado? El declive de Podemos y demás fuerzas de izquierda ha sido inevitable.

Dos conclusiones: el momento de Podemos como vertebrador de la izquierda ha pasado, y parte de la culpa la tenemos todos nosotros y nosotras.

Podemos debe integrarse, que no diluirse, en SUMAR, con la energía que ha caracterizado siempre a su gente. A pesar de todas las filtraciones, denuncias, dimes y diretes, SUMAR reconoce, de hecho, el peso de Podemos, al margen de los últimos resultados electorales. No en vano le asigna un 23% de los ingresos institucionales que la coalición reciba, en función de los resultados que obtenga. Y, aunque parezca un argumento muy prosaico, como diría Pablo Iglesias, “los cargos y los dineros cuentan y mucho”.

El otro punto es que, por parte de SUMAR se  comprometa, claramente, como fundamental y urgente, a incluir, en su programa electoral, y en todos los actos de campaña, la exigencia de que el gobierno entrante mantenga y potencie el Ministerio de Igualdad.

La desaparición del Ministerio de Igualdad sería el principal triunfo para la derecha y una derrota para las mujeres. La izquierda está obligada a proteger ese Ministerio.

No ha sido este el primer Ministerio de Igualdad en la historia política de nuestro país, ni es el primero llamado a desaparecer: Ya Zapatero suprimió el Ministerio de Bibiana Aído, para salir de una crisis ministerial. La Ministra socialista aguantó mucho, quizá tanto como Irene Montero: Además de inútil, incapaz, infantil… y hasta “flamenca”, Aznar, el peor presidente de la democracia, se burlaba de su “currículum científico”.

De Irene Montero no han podido despreciar su currículum, por eso han buscado otros aspectos de su vida para denigrarla.

“Sigue existiendo un altísimo nivel de violencia política sobre las mujeres, no solo en España, sino que es global. Tenemos datos de la Unión Interparlamentaria de 2018 que hablan que más del 80% de las mujeres parlamentarias sufren violencia psicológica, casi el 45% de las mujeres parlamentarias sufre amenazas, violaciones, violencia física; y casi el 50% teme por su seguridad y la de su familia”.

La controvertida Ley del “solo sí es sí”, no lo olvidemos, fue avalada por el exministro de Justicia, Juan Carlos Campo. También el presidente Sánchez abrazó la norma con gran entusiasmo, tanto como para considerarla “un hito importantísimo”.

Una Editorial del El País, que no es precisamente un medio afín a Podemos, decía sobre la Ley del Aborto: “En el contexto de una sociedad que ha vuelto a escuchar discursos inquietantemente involucionistas y directamente machistas, la ley corrige inercias sociales discriminatorias, aborda tabús impropios de este tiempo y pretende eliminar las barreras que todavía persisten para el libre ejercicio del derecho al aborto”.

El Supremo, tan eficaz siempre en los tiempos, léase con ironía, aporta su grano de arena a la batalla, y respalda las rebajas de penas en las condenas firmes por la ley del ‘solo sí es sí’, ¡¡¡ANULANDO ASÍ SU DOCTRINA ANTERIOR!!! La derecha y la ultraderecha anuncian, a bombo y platillo que derogarán todas las leyes que reconocen derechos a las mujeres. Para ellos, unos y otros, no es una guerra de odios enquistados por un “quítame esas pajas”. No. Ellos están librando una verdadera guerra mundial, que ya ha tenido una sonora victoria en Estados Unidos, donde el aborto ha dejado de ser un derecho, y se ha desatado una ofensiva legal sin precedentes contra las personas trans.

SUMAR debe saber que, defender y potenciar el Ministerio de Igualdad, ha de ser,  inexorablemente, un punto central de su programa, de su estrategia y de su quehacer político, su seña de identidad, porque es objeto de una guerra cultural que va mucho más allá de los personalismos: es el símbolo de los derechos de todas las mujeres…

…Y, si esto, SUMAR lo tiene claro, si está dispuesto a luchar por que el Ministerio se mantenga, no tendrá ningún sentido el veto a la actual Ministra, Irene Montero. Más allá de las personas, lo que vale es lo que significan. Y ese veto será el primer gran error político cometido, antes incluso de que empiece SUMAR a demostrar que realmente le interesa la unidad, y que no le basta, sino que le es tan importante, o más, el para qué de esa unidad.

 

   

  

domingo, 4 de junio de 2023

EN PLENA CUENTA ATRÁS

 

EN PLENA CUENTA ATRÁS

“Perdonar pero no olvidar”: este aforismo popular tiene dos momentos, uno para el presente y otro para el futuro. Perdonar para el presente, no olvidar para el futuro o, dicho de otra forma, aprender de lo vivido para no volver a equivocarnos.

La izquierda a la izquierda del PSOE, tiene que mirar al presente, sin olvidar el pasado. Pero no es éste el momento de tener en cuenta el pasado (salvo que el pasado sea imperdonable): estamos en la cuenta atrás. El pasado nos debe servir para aprender, de cara al futuro, para no cometer los mismos errores. El futuro está por estrenar.

Vivimos momentos trágicos que nos obligan a estar, hora a hora, minuto a minuto, pidiendo información de cómo van las negociaciones para alcanzar la unión de todas las fuerzas implicadas. Comprendemos que, para que las negociaciones puedan llegar a buen término, se deben hacer con discreción. Solo cuando haya un resultado definitivo, bueno o malo, pero definitivo, será el momento de los anuncios, de los abrazos o de las denuncias. Las filtraciones las airearán quienes quieren que las conversaciones fracasen, lo tenemos claro. No les hagamos el juego. Paciencia, que queda poco.

No obstante, mirar al pasado para saber por qué hemos llegado a donde hemos llegado, es imprescindible. Pero hacerlo teniendo en cuenta los datos objetivos, unos generales y otros concretos, pero datos. Y sin condenas ni reproches, sin ánimos revanchistas ni rencores, dejando de lado, por el momento, la parte de responsabilidad que a cada parte corresponda.

Lo ocurrido el 28M es el resultado de un proceso. El proceso es claro y, hasta natural. Y, aunque ciertos errores vengan de muy atrás, podemos centrar el análisis, tomando como punto de partida el 15M.

El 15M supuso un aldabonazo en la práctica política desarrollada hasta entonces, caracterizada, fundamentalmente, por el bipartidismo; un aldabonazo dado por el “estallido de los indignados” que exigían otra forma de hacer política. Ese aldabonazo dado incluía hasta Izquierda Unida. Ese aldabonazo marcó un antes y un después en la política española.

Hay quien defiende que el 15M sigue vigente, como hay quien dice que estamos en otro ciclo.

Lo cierto es que el 15M fue el inicio de un nuevo ciclo pero que inmediatamente terminó: la aparición de Podemos marcó el final del ciclo. Es mi opinión.

Lo que hasta entonces era un movimiento ciudadano, con las plazas y sus asambleas como forma de expresión, entregó gustoso el testigo a “la participación en las instituciones”, dejando las plazas y lo que simbolizaban o, lo que es lo mismo, provocando una “vuelta a casa” de la gente.

Lo que yo llamo proceso “natural”, para algunas personas fue una entrega lamentable. Pero la realidad es esa: la calle desgasta mucho y no se puede vivir permanentemente en ella.

Recuerdo las primeras elecciones sindicales en que participé y en las que arrasamos. Todavía vivía Franco. La gente apoyó con entusiasmo la savia nueva que ofrecíamos, nos votó, hizo un esfuerzo, porque no estaba acostumbrada, y nos votó. Al salir del escrutinio, compañeros eufóricos nos daban palmadas en la espalda diciendo: “ya os hemos votado, ahora os toca a vosotros”. Era como dejarnos solos ante el peligro, porque éramos elegidos para delegados del agonizante sindicato vertical, con las limitaciones que para hacer algo eso suponía. Pero ellos no eran conscientes.

La conversión del 15M en Podemos, en mi opinión, supuso el final del nuevo ciclo que acababa de empezar. Después de gritar a brazo partido “lo llaman democracia y no lo es”, entramos en esa democracia que no lo era, porque tampoco el movimiento era tan grande y fuerte como para cambiarla. Esa democracia compuesta por un sistema electoral, parlamentos, gobiernos, poder judicial y medios de comunicación, sobre todo éstos últimos, no se dejó cambiar, y menos, de la noche a la mañana. Y Podemos se convirtió en el muñeco del pin-pan-pún. Todos contra Podemos. Y ya lo decía Iñaki Gabilondo: “¿Qué os creíais?” Lo cierto es que Podemos ha sido y es el blanco de todas la miradas.

E independientemente de sus aciertos y errores, de lo que ha hecho o dejado de hacer, externa o internamente, Podemos ha pasado, de ser el gran revulsivo que entusiasmaba a muchos de los indignados del 15M, a ser el símbolo de la decadencia, de la impotencia y la frustración. En Podemos hemos puesto muchos nuestra esperanza e ilusión. Pero Podemos se desangra: desde 2016 ha perdido votos en todas las generales y autonómicas, salvo en las anteriores autonómicas de Madrid. La formación ha empeorado sus  resultados en 21 elecciones de las 22 que se han celebrado entre generales y autonómicas desde los comicios nacionales de 2016.

Pero, con ser Podemos el ejemplo más llamativo de lo que ha podido pasar en el panorama político, los malos resultados han afectado a todos en la izquierda, incluyendo al centro izquierda del PSOE. Y ello tiene que tener explicación, más allá de lo que cada fuerza política haya podido hacer mal.

Los partidos políticos, todos, salvo alguna excepción, y los votantes en general, somos presos de una degeneración de la política que viene produciéndose en los últimos años, y no solo en España, y que consiste en: no hace falta hablar con lógica, con razonamientos, basta despertar emociones, incluso odio, para ganar votos, aprovechando el malestar de la gente, especialmente de los que lo están pasando muy mal; valen los bulos y las mentiras; nos muestran la política como un duelo de titanes, al que asistimos como espectadores pasivos, como si la magia de un líder, él solo, pudiera ser el héroe o villano de todo, al que se le puede perdonar todo, con tal que tenga el desparpajo suficiente para salir airoso de cualquier atolladero que le pueda plantear el entrevistador de turno. Recordemos  al difunto presidente Hormaechea, corrupto condenado, que se dedicó al despreciar a todo el mundo: “…pero es cojonudo”, decían.

La política ya no es el lugar donde se busca solucionar los problemas de la gente, valorando razonablemente todas las posibilidades. La política es el “pan y toros” de nuestra época, que sustituye a la preocupación por el paro, la pobreza y la desigualdad. Con el espectáculo todos contentos. Entonemos nuestro particular "mea culpa"..

En unas elecciones autonómicas y municipales, en que deberíamos elegir lo que más nos conviene de entre todos los programas que se nos presentaban, se nos ha escamoteado el debate concreto sobre lo que teníamos que elegir, y nos hemos pasado la mitad de la campaña hablando de si ETA existe o no; de si todos corremos el peligro de que algunos desalmados nos ocupen la vivienda si salimos a hacer la compra; o de si iba a haber un pucherazo generalizado en todos los sitios, a la vista de algunos puñados de votos que pudieran haber sido comprados. Pero nadie ha levantado la voz diciendo: “Y de lo mío qué”. ¿Qué va a hacer mi futuro Presidente o Alcalde con los impuestos que pago?

Y nosotros y nosotras hemos “comprado” ese mensaje: seamos sinceros, hemos preferido inocentemente los pájaros volando antes que los que teníamos en la mano: del Gobierno actual sabemos lo que ha hecho. Del que pueda venir solo sabemos que quiere deshacer lo que el actual ha hecho, sin decirnos lo que piensa hacer después. Ni siquiera se ha arriesgado a mentirnos, no lo necesitaba. Nos ha escamoteado el voto… y nosotros sin enterarnos.

La izquierda a la izquierda del PSOE estamos en plena cuenta atrás. Nos quedan días. Primero para decidir ir juntos. Después para acordar las listas y candidatos. Pero sabiendo que la unión no va a ser suficiente: queremos saber para qué vamos unidos. Necesitamos tener claro qué le vamos a ofrecer a los votantes. Y tenemos que consensuar hasta el tono con que nos vamos a dirigir a ellos y ellas. No vale ir de víctimas, ni de justicieros, ni siquiera Podemos tiene que empeñarse en recordarnos todo lo que ha padecido en estos años. Y tampoco meter miedo, eso no mueve a la gente. Tenemos que transmitir optimismo, diciendo lo que vamos a hacer, unas cuantas cosas y bien claras, y que se puede, sobre todo que se puede, que podemos, en minúscula, con humildad, pero con entusiasmo.

Ni siquiera vamos a perder el tiempo en advertir, a quien no quiera salir en la foto, que lo va a perder todo. Todos lo saben. Y esperamos que sean consecuentes.

 


martes, 4 de abril de 2023

A LA IZQUIERDA DE LA IZQUIERDA

 

A LA IZQUIERDA DE LA IZQUIERDA

Nunca una expresión ha reflejado con tanta exactitud la realidad de una parte de la política de nuestro país: El espacio de la izquierda. Lo ha dicho y repetido Pedro Sánchez: “A la izquierda de la izquierda del PSOE”, refiriéndose al espacio político que muchos interesados denominan “extrema izquierda” o “izquierda radical. Algunos preferimos decir “izquierda real”. Las palabras de Sánchez son un reconocimiento sincero y realista de que, en su partido, hay, cuando menos, una izquierda y una derecha. Algunos lo dijimos hace mucho.

 

No cabe duda de que existe mucha expectación y, en algunos, honda preocupación por ver cómo se vaya a desenvolver el proceso de unidad de la izquierda “a la izquierda de la izquierda” del PSOE. Parece un juego de palabras. Pero no, la trayectoria del Partido Socialista, ampliamente demostrada, refleja, cuando menos, una tensión interna, a lo largo de los años, y de los sucesivos gobiernos que ha presidido, entre posiciones más o menos progresistas y otras claramente conservadoras. Y que a la izquierda de su izquierda siempre ha habido un espacio también es indiscutible.

 

Que existen intereses opuestos en nuestra sociedad es una obviedad. Que algunos tenemos la etiqueta merecida de que solo defendemos los intereses de una parte, también. Es por eso que, en estos momentos, más allá de temas concretos que son de actualidad y que nos afectan como personas de edad, como es, por ejemplo, la Reforma de las Pensiones, algunos estemos especialmente expectantes –y preocupados- sobre si es posible o no que las fuerzas “a la izquierda de la izquierda” del PSOE vayan juntas a las próximas elecciones.

 

Desde mi punto de vista, el tan aireado y, por muchos jaleado, “desencuentro” Yolanda-Podemos está interesadamente mal planteado. Y digo desencuentro porque estoy convencido y apostaría a que no me equivoco, que no hay ruptura cierta ni la habrá; y que primarán el sentido común y el realismo: a nadie que vaya a pedir el voto de la gente que vota “izquierda real” le conviene ser rechazado por no haber hecho todo lo posible para que, yendo unidos, no se pierdan los cientos de miles de votos que habitualmente se pierden debido a la “multitud” de opciones políticas. Si, al final, van por separado, ambas partes tendrán que dar explicaciones y asumir parte de la culpa, porque la culpa lo será de las dos.

 

Quizás en otras ocasiones la dispersión del voto no haya sido sentida con la gravedad con que se siente hoy: en esta ocasión, como nunca ha ocurrido, nos jugamos ciertamente que el próximo gobierno lo sea de carácter lo más progresista posible, y es fundamental cerrar el paso a un posible gobierno de derecha y derecha extrema.

¿Por qué digo que el desencuentro está interesadamente mal planteado? Porque, a quienes están groseramente empeñados en que no se repita el Gobierno de Coalición, les interesa que la unión de la izquierda real fracase, y lo haga lo más escandalosamente posible, de forma que mucha gente quede desencantada y no vaya a votar. Y lo jalean, lo hacen, no atacando a esa izquierda en su conjunto, sino que insisten en lo que de espectáculo lamentable tiene el desencuentro, para que la desilusión de la gente sea mayor y opte por la abstención.

 

Y está interesadamente mal planteado por la otra parte porque, en realidad, tenía que ser Podemos, por ser, en estos momentos, la fuerza real mayoritaria de ese espacio, quien viese la importancia del momento, plantease la necesidad de la unión y asumiese el protagonismo y la responsabilidad de intentar eliminar los obstáculos que impidan esa unión, haciendo concesiones, si es preciso, y se volcase en la tarea por conseguirla.

 

Podemos, sin embargo, está optando por hacerse de rogar, por poner condiciones y dar ultimátums a quienes voluntariosamente y -creo- honestamente, lo están intentando en su lugar, y poder así descargar sobre ellos la culpa del posible fracaso. ¿Cuántos pasos ha dado Podemos para conseguir esa confluencia de fuerzas necesaria para que la izquierda "a la izquierda de la izquierda" del PSOE sea parte determinante en la formación de un futuro gobierno?

 

Podemos es mayoritario, pero no es el único ni es suficiente y, con esa postura de descargar sobre otros la responsabilidad, está dando a entender que no cree en sus propias fuerzas y que no se corresponden siquiera con la representación obtenida en las pasadas elecciones.

 

Siempre he manifestado públicamente haber votado a Podemos y sigo valorando la trascendencia política de su nacimiento y de muchas de sus decisiones. Pero ha sido en situaciones distintas a las de hoy: estamos en una coyuntura en la que tenemos que exigir a Podemos la misma determinación, responsabilidad y claridad de planteamientos que tuvo al principio de su existencia. No podemos aceptar un “no te ajunto porque no me das tu caramelo”, no es momento de chiquilladas… y exigiremos que, además de, en las elecciones generales, también en las municipales y autonómicas actúen con la misma responsabilidad.