¡QUÉ ASCO!
Este miércoles 27 de Mayo, cuarenta cámaras de
televisión, con sus respectivos operadores, y otras tantas, o más, cámaras
fotográficas con sus respectivos fotógrafos, estuvieron, más de siete horas,
esperando para sacar una foto, una era suficiente, o una toma de vídeo a
distancia, de la salida de la Guardia Civil de la sede del PSOE en Madrid. Quince
segundos viendo salir a los coches de la Guardia Civil era suficiente para
satisfacer “las ansias de información” de la opinión pública… y del juez que
ordenó la operación. Esa es la verdadera foto de lo que es la política en
nuestro país.
“Ser los primeros en dar una exclusiva y, a poder ser,
con imágenes en directo” son los mayores méritos que dan prestigio, hoy en día,
a los medios de comunicación en España. De ideas y contenidos nada. Así nos va.
Da lo mismo que la exclusiva esté montada sobre bulos
o exageraciones, y que las imágenes no se correspondan con el momento y lugar
de que se está hablando. Lo que impacta en nosotros, lo que arranca nuestro
aplauso o exacerba nuestra rabia, es todo aquello que produce espectáculo, sea
lo que sea, da lo mismo que se trate de entretenimiento, o de la política donde
está en juego nuestro pan de cada día. Y los medios lo saben. Y se lucran de
ello. Por qué ocurre esto sería tema a tratar en otra ocasión. Pero sí conviene
adelantar que, en mi opinión, es el mal de los tiempos que corren: la gran masa
de personas indolentes e incapaces de juzgar lo que pasa a su alrededor.
¡Qué pena! ¡Qué asco!
Algunos de nosotros nunca fuimos amigos del PSOE, que
digamos, ni el PSOE lo es de nosotros; pero eso no quita para que, en estos momentos,
hagamos un esfuerzo por poner las cosas en su sitio. Y no a favor del PSOE,
sino de la verdad y la objetividad. Y, sobre todo, por respeto a nosotros
mismos, y a toda la gente cuya vida depende de lo que los políticos, los jueces
y policías, dicen y hacen: no es lo mismo un auto judicial que una sentencia y,
menos aún, que una sentencia firme. No es lo mismo un informe policial basado
en datos que las elucubraciones del agente que lo redacta. No es lo mismo lo
que haga un militante que lo que haga un cargo público de un partido. No es lo
mismo lo que haga un partido que lo que haga un alto cargo de la Administración
o un ministro del gobierno. Y no es lo mismo un informativo radiofónico o
televisivo que una mesa de tertulianos opinadores de todo.
Tampoco es lo mismo la “Justicia” que sus
instituciones de gobierno, los tribunales, y cada uno de los jueces. ¿Hasta
cuándo va el Gobierno a repetir “que confía en la justicia” sin matizar que hay
jueces de los que podemos, al menos, que dudar?
Y no son lo mismo las fuerzas de seguridad que sus
mandos y que los policías celosos que cumplen órdenes.
Llevamos años (desde la noche electoral del 23-J) en
que la política española se caracteriza por mezclar mentiras con exageraciones,
insinuaciones con medias verdades, anuncios tremendistas con ocultación de
información. Y, también, por utilizar el insulto y la descalificación macarra
hasta límites insoportables y, en una democracia normal, impensables. La
ilógica, las patadas a la razón, a lo razonable, son tales que, si alguien nos
contemplara desde fuera, quedaría boquiabierto.
Llevamos años contando cuántos informes de la UCO han
quedado en nada, cuántos errores y cuántas ocultaciones deliberadas de datos
contenían, cuántas declaraciones de sainete en los juicios protagonizaban
agentes y, en definitiva, cuántas extralimitaciones en sus funciones e
interpretaciones subjetivas sostenían.
Años padeciendo la represión policial en las
manifestaciones de los movimientos populares, y contemplando el trato
condescendiente, hasta amable, para con los manifestantes de la ultraderecha
fascista.
Y, por último, llevamos años contando cuántas
resoluciones judiciales discutidas, cuántos votos particulares de magistrados
discordantes, cuántas sentencias han decaído, cuántas decisiones de jueces han
sido revocadas por instancias superiores; cuántas desobediencias de jueces a
las órdenes de sus superiores han sido toleradas; cuántas decisiones judiciales
han coincidido intencionadamente con
decisiones políticas, en un claro intento de interferir en la política; cuántas
distintas varas de medir se han aplicado; y, sobre todo, cuántas filtraciones
de sumarios secretos se han producido y nunca investigado. Se podría hacer una
estadística completa de todas ellas sin margen de error. Quizás no sean muchas
o suficientes como para que desconfiemos de la “Justicia” y reneguemos de la
policía, pero sí bastantes para poder decir que todas las irregularidades de
esas instituciones, o la gran mayoría, han perjudicado siempre a uno de los dos
bandos de la política y no al otro: a la izquierda y no a la derecha.
Jueces, magistrados, altos mandos policiales y
policías concretos, vienen haciendo méritos suficientes como para que, no solo
desconfiemos de ellos, sino que aborrezcamos su actuación y, por ende,
desconfiemos de las instituciones que los amparan. De los 5.416 jueces que hay
en España, basta con que haya unos pocos, bien situados en los puntos clave,
donde se resuelven los problemas más graves, para que “La Justicia”, con
mayúscula, quede manchada por sus comportamientos irregulares. Y lo mismo
pasaría con las distintas policías del país.
La consecuencia directa y absolutamente alarmante es
el lugar que ocupa la política, en las encuestas, entre las preocupaciones de
la gente: una de las principales. Estamos muy preocupados, sí, pero no nos
rebelamos, no hacemos nada. No somos conscientes de que, si nosotros, la gente
de a pie, no nos interesamos por la política, otros lo harán por nosotras y nosotros,
y tomarán decisiones sobre nuestra vida, no atendiendo nuestros intereses sino
a los suyos propios.
En medio de toda esta situación, un mantra recorre
España, machacando nuestros oídos, como si de un persistente tínnitus se
tratara: “la solución está en que Sánchez convoque elecciones”.
Enumerar todas las afirmaciones “catastróficas” sobre
la situación en que se encuentra España sería interminable: Gobierno indigno,
indecente, Presidente dictador, ladrón y corrupto, criminal… y la que está
extendiéndose como el aceite: la Legislatura… la legislatura está agotada,
acabada, en “shock”…
Se agotan las personas, los animales. Los seres vivos
se cansan, se fatigan, se muestran impotentes hasta la extenuación, envejecen y
mueren. También se dice que se agotan los artículos en las estanterías de los
supermercados de los barrios pobres: aquí el agotamiento es numérico,
desaparecen. En los seres vivos ese agotamiento es cualitativo, afecta a su
naturaleza, a su posibilidad de vivir, de hacer, de decidir.
La legislatura es el tiempo que transcurre entre unas
elecciones y otras. Nada más. Las legislaturas no son sujetos que piensan,
deciden y hacen, no se agotan, se cumple el tiempo de su vigencia y desaparecen,
solo son espacios de tiempo… decir que se agotan, es solo una manera de hablar.
Una manera de hablar que oculta la verdadera realidad.
Quienes se agotan son los políticos, los partidos, en
el gobierno o en la oposición, cuando llegan al momento en que no pueden
realizar la función para la que fueron elegidos. Llegado ese momento, la responsabilidad
obliga a retirarse a un lado, a dimitir, a someterse a una nueva elección.
¿Cuándo un gobierno está agotado? Cuando sus miembros
son incapaces de gobernar.
¿Y qué es gobernar? Entre otras cosas, y sobre todo, es
ADMINISTRAR ADECUADAMENTE LOS RECURSOS DEL ESTADO, MEDIANTE LA APLICACIÓN DE
LOS PRESUPUESTOS Y EL CUMPLIMIENTO DE LAS LEYES. También cumpliendo el Programa
con que los partidos que lo sustentan y apoyaron se presentaron a las
elecciones.
¿Y que son unos presupuestos? Solo una previsión de
ingresos y gastos y una distribución de los ingresos según los objetivos del
Gobierno.
Gobernar es pagar los sueldos de los empleados públicos,
pagar las pensiones, las prestaciones de desempleo, el Ingreso Mínimo Vital…
pagar a jueces, fiscales, policías, militares, a los miembros de la Casa Real…
Gobernar es financiar los servicios públicos, revalorizar salarios y pensiones,
mantener las infraestructuras. Gobernar es proveer de los medios necesarios
para que las personas puedan vivir. Gobernar es respetar los derechos de los y
las ciudadanas, de los trabajadores, de las familias, de los más vulnerables…
esa es la base del gobernar…
… y, este Gobierno, mal que les pese a algunos, está
gobernando. En la estantería de su supermercado tiene cincuenta leyes aprobadas
y cantidad de decretos ¿Lo podía hacer mejor? Por supuesto. Con los recursos de
que fiscalmente dispone, está gobernando. Gracias a que la recaudación de
Hacienda, año tras año, está aumentando. Y aprovechando, también, que Europa ha
puesto a su disposición importantes recursos extraordinarios.
La pregunta obligada es: ¿Qué cambiaría si se
adelantan las elecciones?
Aquí no es, como en EEUU, donde el Gobierno, para
gobernar, necesita que el Congreso le apruebe los Presupuestos y, de no
conseguirlo, deja automáticamente de pagar sueldos, ayudas y subvenciones.
Aquí, los gobiernos tienen la posibilidad legal de prorrogar los presupuestos
anteriores para seguir gobernando, cumpliendo con sus compromisos.
Como pensionista, más allá de otras consideraciones,
prefiero que el actual Gobierno complete la legislatura. Es muy sencillo,
después de unas nuevas elecciones, no sabremos lo que pasará. Y creo que,
quienes sigan dependiendo directamente de que el actual Gobierno gobierne,
pensarán como yo. Experiencia tenemos de lo que hicieron otros gobiernos.
Es cierto que el Gobierno, con sus propuestas y
medidas, puede mejorar la vida de la gente. Y no es cuestión de contentarse
“con lo que hay”. Pero sacar adelante medidas importantes depende de la mayoría
que pueda agrupar en torno a ellas. Y, con las mayorías actuales que conforman
el actual Congreso, no lo está consiguiendo. Al menos, en la cuantía que todos desearíamos
y él prometió. Con todo, una a una, como un goteo continuo, va sacando cosas
adelante, cosas que afectan a la vida de las personas. No está “bloqueado”.
Admito que mi planteamiento es reduccionista, gobernar
es más que eso. Pero, a la gente de a pie, es lo que nos importa, que nos
hablen de las cosas de comer, primero, para que después podamos ocupar nuestra
mente con otras aspiraciones “de más alcance y altura”.
El reto que tiene este Gobierno está en hacer, en lo
que queda de legislatura, todo lo necesario para repetir en la próxima
legislatura y seguir apostando por mejorar la vida de la gente, con medidas más
contundentes. Aunque la correlación de fuerzas en el Congreso las eche abajo.
Que se retraten ellos. Hay que arriesgar para ganar. Lo contrario es renunciar
de antemano.
Nota.- A Feijó y al Partido Popular les digo: si tan
insoportable es la situación, si tanto les preocupa la situación de los
españoles, si tan indigno es este Gobierno, solo por coherencia y sentido de la
responsabilidad, deben poner todos los medios de su parte para hacer que caiga,
tomando la iniciativa, dando los pasos necesarios, arriesgando todo lo
arriesgable desde el punto de vista partidista, porque “la situación lo
requiere”, ¿no lo dicen ustedes? sin esperar a que los votos que necesitan para
ganar una moción de censura les caigan del cielo. Deben, de verdad, poner por
delante los intereses de los españoles y no los personales y del partido. Lo contrario es pura
demagogia. Vale ya de cálculos partidistas. El mayor ridículo, como partido, lo
están haciendo ustedes, esperando sentados y culpando a los demás.