martes, 2 de junio de 2026

¡QUÉ ASCO!

 

¡QUÉ ASCO!

Este miércoles 27 de Mayo, cuarenta cámaras de televisión, con sus respectivos operadores, y otras tantas, o más, cámaras fotográficas con sus respectivos fotógrafos, estuvieron, más de siete horas, esperando para sacar una foto, una era suficiente, o una toma de vídeo a distancia, de la salida de la Guardia Civil de la sede del PSOE en Madrid. Quince segundos viendo salir a los coches de la Guardia Civil era suficiente para satisfacer “las ansias de información” de la opinión pública… y del juez que ordenó la operación. Esa es la verdadera foto de lo que es la política en nuestro país.

“Ser los primeros en dar una exclusiva y, a poder ser, con imágenes en directo” son los mayores méritos que dan prestigio, hoy en día, a los medios de comunicación en España. De ideas y contenidos nada. Así nos va.

Da lo mismo que la exclusiva esté montada sobre bulos o exageraciones, y que las imágenes no se correspondan con el momento y lugar de que se está hablando. Lo que impacta en nosotros, lo que arranca nuestro aplauso o exacerba nuestra rabia, es todo aquello que produce espectáculo, sea lo que sea, da lo mismo que se trate de entretenimiento, o de la política donde está en juego nuestro pan de cada día. Y los medios lo saben. Y se lucran de ello. Por qué ocurre esto sería tema a tratar en otra ocasión. Pero sí conviene adelantar que, en mi opinión, es el mal de los tiempos que corren: la gran masa de personas indolentes e incapaces de juzgar lo que pasa a su alrededor.

¡Qué pena! ¡Qué asco!

Algunos de nosotros nunca fuimos amigos del PSOE, que digamos, ni el PSOE lo es de nosotros; pero eso no quita para que, en estos momentos, hagamos un esfuerzo por poner las cosas en su sitio. Y no a favor del PSOE, sino de la verdad y la objetividad. Y, sobre todo, por respeto a nosotros mismos, y a toda la gente cuya vida depende de lo que los políticos, los jueces y policías, dicen y hacen: no es lo mismo un auto judicial que una sentencia y, menos aún, que una sentencia firme. No es lo mismo un informe policial basado en datos que las elucubraciones del agente que lo redacta. No es lo mismo lo que haga un militante que lo que haga un cargo público de un partido. No es lo mismo lo que haga un partido que lo que haga un alto cargo de la Administración o un ministro del gobierno. Y no es lo mismo un informativo radiofónico o televisivo que una mesa de tertulianos opinadores de todo.

Tampoco es lo mismo la “Justicia” que sus instituciones de gobierno, los tribunales, y cada uno de los jueces. ¿Hasta cuándo va el Gobierno a repetir “que confía en la justicia” sin matizar que hay jueces de los que podemos, al menos, que dudar?

Y no son lo mismo las fuerzas de seguridad que sus mandos y que los policías celosos que cumplen órdenes.

Llevamos años (desde la noche electoral del 23-J) en que la política española se caracteriza por mezclar mentiras con exageraciones, insinuaciones con medias verdades, anuncios tremendistas con ocultación de información. Y, también, por utilizar el insulto y la descalificación macarra hasta límites insoportables y, en una democracia normal, impensables. La ilógica, las patadas a la razón, a lo razonable, son tales que, si alguien nos contemplara desde fuera, quedaría boquiabierto.

Llevamos años contando cuántos informes de la UCO han quedado en nada, cuántos errores y cuántas ocultaciones deliberadas de datos contenían, cuántas declaraciones de sainete en los juicios protagonizaban agentes y, en definitiva, cuántas extralimitaciones en sus funciones e interpretaciones subjetivas sostenían.

Años padeciendo la represión policial en las manifestaciones de los movimientos populares, y contemplando el trato condescendiente, hasta amable, para con los manifestantes de la ultraderecha fascista.

Y, por último, llevamos años contando cuántas resoluciones judiciales discutidas, cuántos votos particulares de magistrados discordantes, cuántas sentencias han decaído, cuántas decisiones de jueces han sido revocadas por instancias superiores; cuántas desobediencias de jueces a las órdenes de sus superiores han sido toleradas; cuántas decisiones judiciales han  coincidido intencionadamente con decisiones políticas, en un claro intento de interferir en la política; cuántas distintas varas de medir se han aplicado; y, sobre todo, cuántas filtraciones de sumarios secretos se han producido y nunca investigado. Se podría hacer una estadística completa de todas ellas sin margen de error. Quizás no sean muchas o suficientes como para que desconfiemos de la “Justicia” y reneguemos de la policía, pero sí bastantes para poder decir que todas las irregularidades de esas instituciones, o la gran mayoría, han perjudicado siempre a uno de los dos bandos de la política y no al otro: a la izquierda y no a la derecha.

Jueces, magistrados, altos mandos policiales y policías concretos, vienen haciendo méritos suficientes como para que, no solo desconfiemos de ellos, sino que aborrezcamos su actuación y, por ende, desconfiemos de las instituciones que los amparan. De los 5.416 jueces que hay en España, basta con que haya unos pocos, bien situados en los puntos clave, donde se resuelven los problemas más graves, para que “La Justicia”, con mayúscula, quede manchada por sus comportamientos irregulares. Y lo mismo pasaría con las distintas policías del país.

La consecuencia directa y absolutamente alarmante es el lugar que ocupa la política, en las encuestas, entre las preocupaciones de la gente: una de las principales. Estamos muy preocupados, sí, pero no nos rebelamos, no hacemos nada. No somos conscientes de que, si nosotros, la gente de a pie, no nos interesamos por la política, otros lo harán por nosotras y nosotros, y tomarán decisiones sobre nuestra vida, no atendiendo nuestros intereses sino a los suyos propios.

En medio de toda esta situación, un mantra recorre España, machacando nuestros oídos, como si de un persistente tínnitus se tratara: “la solución está en que Sánchez convoque elecciones”.

Enumerar todas las afirmaciones “catastróficas” sobre la situación en que se encuentra España sería interminable: Gobierno indigno, indecente, Presidente dictador, ladrón y corrupto, criminal… y la que está extendiéndose como el aceite: la Legislatura… la legislatura está agotada, acabada, en “shock”…

Se agotan las personas, los animales. Los seres vivos se cansan, se fatigan, se muestran impotentes hasta la extenuación, envejecen y mueren. También se dice que se agotan los artículos en las estanterías de los supermercados de los barrios pobres: aquí el agotamiento es numérico, desaparecen. En los seres vivos ese agotamiento es cualitativo, afecta a su naturaleza, a su posibilidad de vivir, de hacer, de decidir.

La legislatura es el tiempo que transcurre entre unas elecciones y otras. Nada más. Las legislaturas no son sujetos que piensan, deciden y hacen, no se agotan, se cumple el tiempo de su vigencia y desaparecen, solo son espacios de tiempo… decir que se agotan, es solo una manera de hablar. Una manera de hablar que oculta la verdadera realidad.

Quienes se agotan son los políticos, los partidos, en el gobierno o en la oposición, cuando llegan al momento en que no pueden realizar la función para la que fueron elegidos. Llegado ese momento, la responsabilidad obliga a retirarse a un lado, a dimitir, a someterse a una nueva elección.

¿Cuándo un gobierno está agotado? Cuando sus miembros son incapaces de gobernar.

¿Y qué es gobernar? Entre otras cosas, y sobre todo, es ADMINISTRAR ADECUADAMENTE LOS RECURSOS DEL ESTADO, MEDIANTE LA APLICACIÓN DE LOS PRESUPUESTOS Y EL CUMPLIMIENTO DE LAS LEYES. También cumpliendo el Programa con que los partidos que lo sustentan y apoyaron se presentaron a las elecciones.

¿Y que son unos presupuestos? Solo una previsión de ingresos y gastos y una distribución de los ingresos según los objetivos del Gobierno.

Gobernar es pagar los sueldos de los empleados públicos, pagar las pensiones, las prestaciones de desempleo, el Ingreso Mínimo Vital… pagar a jueces, fiscales, policías, militares, a los miembros de la Casa Real… Gobernar es financiar los servicios públicos, revalorizar salarios y pensiones, mantener las infraestructuras. Gobernar es proveer de los medios necesarios para que las personas puedan vivir. Gobernar es respetar los derechos de los y las ciudadanas, de los trabajadores, de las familias, de los más vulnerables… esa es la base del gobernar…

… y, este Gobierno, mal que les pese a algunos, está gobernando. En la estantería de su supermercado tiene cincuenta leyes aprobadas y cantidad de decretos ¿Lo podía hacer mejor? Por supuesto. Con los recursos de que fiscalmente dispone, está gobernando. Gracias a que la recaudación de Hacienda, año tras año, está aumentando. Y aprovechando, también, que Europa ha puesto a su disposición importantes recursos extraordinarios.

La pregunta obligada es: ¿Qué cambiaría si se adelantan las elecciones?

Aquí no es, como en EEUU, donde el Gobierno, para gobernar, necesita que el Congreso le apruebe los Presupuestos y, de no conseguirlo, deja automáticamente de pagar sueldos, ayudas y subvenciones. Aquí, los gobiernos tienen la posibilidad legal de prorrogar los presupuestos anteriores para seguir gobernando, cumpliendo con sus compromisos.

Como pensionista, más allá de otras consideraciones, prefiero que el actual Gobierno complete la legislatura. Es muy sencillo, después de unas nuevas elecciones, no sabremos lo que pasará. Y creo que, quienes sigan dependiendo directamente de que el actual Gobierno gobierne, pensarán como yo. Experiencia tenemos de lo que hicieron otros gobiernos.

Es cierto que el Gobierno, con sus propuestas y medidas, puede mejorar la vida de la gente. Y no es cuestión de contentarse “con lo que hay”. Pero sacar adelante medidas importantes depende de la mayoría que pueda agrupar en torno a ellas. Y, con las mayorías actuales que conforman el actual Congreso, no lo está consiguiendo. Al menos, en la cuantía que todos desearíamos y él prometió. Con todo, una a una, como un goteo continuo, va sacando cosas adelante, cosas que afectan a la vida de las personas. No está “bloqueado”.

Admito que mi planteamiento es reduccionista, gobernar es más que eso. Pero, a la gente de a pie, es lo que nos importa, que nos hablen de las cosas de comer, primero, para que después podamos ocupar nuestra mente con otras aspiraciones “de más alcance y altura”.

El reto que tiene este Gobierno está en hacer, en lo que queda de legislatura, todo lo necesario para repetir en la próxima legislatura y seguir apostando por mejorar la vida de la gente, con medidas más contundentes. Aunque la correlación de fuerzas en el Congreso las eche abajo. Que se retraten ellos. Hay que arriesgar para ganar. Lo contrario es renunciar de antemano.

Nota.- A Feijó y al Partido Popular les digo: si tan insoportable es la situación, si tanto les preocupa la situación de los españoles, si tan indigno es este Gobierno, solo por coherencia y sentido de la responsabilidad, deben poner todos los medios de su parte para hacer que caiga, tomando la iniciativa, dando los pasos necesarios, arriesgando todo lo arriesgable desde el punto de vista partidista, porque “la situación lo requiere”, ¿no lo dicen ustedes? sin esperar a que los votos que necesitan para ganar una moción de censura les caigan del cielo. Deben, de verdad, poner por delante los intereses de los españoles y no los  personales y del partido. Lo contrario es pura demagogia. Vale ya de cálculos partidistas. El mayor ridículo, como partido, lo están haciendo ustedes, esperando sentados y culpando a los demás.   

martes, 31 de marzo de 2026

DESMONTANDO MITOS

 Las siguientes reflexiones van dirigidas a los nostálgicos de mi generación y a mí incluido, a quienes creímos que la revolución era posible y, sobre todo, a quienes se nos dijo que estaba cerca, que “ya se oían los cascos de los caballos al otro lado del Pirineo”… y nos comprometimos con ella.

Decía Maquiavelo que los mayores éramos muy injustos con los jóvenes, y afirmaba que “un ardid de la memoria impulsa a los viejos a mitificar lo que recuerdan haber visto durante su juventud… Que por haber visto los tiempos antiguos y los actuales, nos arrogamos la autoridad de compararlos y de ponderarlos, autoridad que no concedemos aún a los jóvenes, porque no han vivido… Y que es necesario considerar que no solo los tiempos cambian sino que cambian también las vidas, las fuerzas y la capacidad de pensar…” Que, saciados con nuestra experiencia, “los veteranos jamás elevamos los ojos hacia la grandeza y la plenitud del sentido y el discurrir de la vida… que nuestra experiencia se convierte en evangelio…” Insta, el autor de “El Principe”, a los jóvenes “a desconfiar de los viejos cuando presentan como sabiduría y experiencia lo que no es más que “su” experiencia particular, encubriendo, con ello, su impotencia personal, su cansancio…”

Lo peor de todo es cuando son los jóvenes quienes se empeñan en que sigamos anclados en nuestro pasado.

Mito es una “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico” es historia ficticia… es sobre todo  una ficción que sirve para aglutinar a gente a su alrededor, porque encarna, de alguna manera, algún aspecto universal de la condición humana… Es mito también “persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene”. Uno nunca se convierte en  mito por sí mismo, lo mitificamos los demás.

Vivimos tiempos en la política en que nos empeñamos en establecer líneas de separación, a base de ponernos etiquetas unos a otros, el estado de precampaña electoral permanente en que nos encontramos nos obliga a establecer diferencias, a distinguirnos de los demás, como si estuviéramos en un mercado en el que tenemos que competir para poder vender nuestro producto, ante una multitud doliente, agobiada por su día a día: los hay de derechas, una “derechita cobarde”, otros de extrema derecha valiente, los hay también liberales; en el lado de la izquierda los hay moderados, algunos radicales, otros reformistas, muchos socialdemócratas, los menos de izquierda transformadora, o ellos dicen serlo. La mayoría de las veces, para que no nos confundan, solo decimos ser lo contrario que los demás, lo que no queremos ser, más que lo que realmente somos o a lo que aspiramos.

Me interesa, sobre todo, mirar el lado de la izquierda.

Desde mi punto de vista, no hay actualmente sobre la mesa de la política ninguna propuesta realmente transformadora. Ni por parte del Gobierno, ni del resto de la izquierda. Caigámonos del burro. Acabemos con los mitos. Como mucho,  todo lo que se propone no pasa de ser socialdemócrata. Y no considero un insulto llamar a nadie socialdemócrata. Hay que conocer la historia, también la de la socialdemocracia. Mi deseo, no obstante, de que las cosas cambien, no quita para que acepte la realidad, tal como es, y que me sienta obligado a trabajar para que deje de ser así.

Hace unos días, escuché a Sara Santaolalla defender, a capa y espada, con el brío que la caracteriza, que “los empresarios no son los que crean empleo, que son los trabajadores los que lo hacen”… y me he vuelto fan de Sara. Hoy, si no eres fan de alguien, no eres nadie. Hacía veinte, treinta años o más, que no oía algo parecido. Y es que nadie lo dice ya, nadie le dice a la gente, repito, nadie,  que el sistema capitalista es perverso, que es el origen de todos los males. Como mucho, decimos que el culpable es el Gobierno. Obsesionados con la espuma del oleaje, nadie dice ya verdades de fondo, que “hay que expropiar a los expropiadores”. No, ¿expropiar? suena muy fuerte, y nos andamos con remilgos, lo de “robar a un ladrón y los cien años de perdón” suena mal, daña la imagen de quien lo diga, ya no se lleva… Como mucho, estamos empeñados en hacer del capitalismo un sistema más humano… sin ver que es tarea imposible.

Transformar es convertir algo en otra cosa distinta. No es maquillarla, acicalarla, cambiarle el vestido o el disfraz. Transformar es acción, no una definición, un apellido, una etiqueta. Nombrar muchas veces una cosa no la convierte en otra. Por los hechos los conoceréis, nos enseñaron desde pequeños. Uno es transformador cuando transforma. Hacer es una cosa, decir es otra. Decía Pablo Iglesias que “cuando uno se limita a decir (sin hacer), en democracia, le sale gratis”, y estoy de acuerdo o, al menos, si no gratis, le sale barato. En la Dictadura, solo por abrir la boca, sin siquiera empezar a hablar, podías ya dar con tus huesos en la cárcel. La derecha es conservadora, no se define como transformadora, ¡a mucha honra! dicen. En la izquierda nos acusamos por igual de ser reformistas o extremistas. Confundimos decir con gritar. Se pueden hacer muchas cosas sin hacer ruido. Hacer es lo importante.

La socialdemocracia se consolidó, como corriente socialista mundial, en torno a la Primera Gran Guerra. Si Adam Smith afirmó que la riqueza, si crecía, iría descendiendo, por sí sola,  hasta llegar a los más desposeídos, la socialdemocracia defendía que sería la democracia la que acabaría distribuyéndola equitativamente. ¿La democracia? Que se lo digan a Salvador Allende, un socialdemócrata convencido, mártir por haber intentado ponerlo en práctica.

La socialdemocracia surgió frente a “la violencia de los revolucionarios”, aquellos que se llamaban a sí mismos transformadores, aquellos que despreciaban a los sindicalistas, porque “luchar -decían- por un salario más justo era hacerle el juego al sistema, porque no lo transformaba”. Yolanda Díaz se equivoca: en la empresa capitalista no cabe la democracia, por definición, unos son los amos y otros los productores, los asalariados.

Regular los precios puntualmente, en tiempos de crisis, no transforma el mal llamado libre mercado, esa máquina que genera todas las desigualdades. Es una medida reformista.

Decir, sin más, “No a la Guerra” o “No a la OTAN” lo convierten en eslóganes vacíos, ni siquiera reformistas. Entre otras cosas, porque no explican a la gente lo que ambos realmente representan y lo que comportan. Y, si la gente no lo comprende, ¿de qué nos sirve repetirlo como papagayos? ¿Qué es, que con solo los “convencidos” vamos a sacar a todos de la OTAN? ¿Y por qué no decimos: “Salgámonos de la UE”, que es igual de militarista? La OTAN y la UE ¿qué son? ¿Dos sistemas monolíticos, que permanecen imperturbables a lo largo del tiempo? ¿No están ambas en crisis? Al final, hasta puede que la OTAN se derrumbe, pero no por nuestra exigencia, sino por sí misma, por su propia estructura… y hasta puede que nos pille a algunos avanzando con la pancarta, sin mirar atrás, y nos quedemos solos... es un decir.

Si nos damos cuenta, todas las medidas (o casi todas) que se exigen del Gobierno, por parte de las izquierdas, depositan la responsabilidad en él, en el Gobierno, al más puro hacer socialdemócrata. Papá Estado lo resolverá. Lo de la derecha es otra cosa.

¿Y la patronal no pinta nada?

Una política de verdadera izquierda debería poner a los bancos, las eléctricas, las de la alimentación, a la CEOE, en resumen, como blanco principal y persistente de sus exigencias, de sus ímpetus transformadores, de su lucha diaria por mejorar la vida de la gente, porque su vida depende de esos poderes.

El poder económico no se presenta a las elecciones, no lo necesita, lanza por delante a las instituciones y a la derecha política para defender sus intereses y librar las batallas económicas. Su campo es otro.

La actitud que tenga la patronal sobre cada político y sobre cada partido, puede representar la línea de diferenciación clave para distinguir unos políticos de otros, unos partidos de otros, unas políticas y otras. ¿A quién teme más la patronal? ¿O a quién desprecia más? ¿A quién considera su principal enemigo?

El Movimiento Obrero siempre lo ha tenido claro: es una lucha de poderes, de poderes reales. Cuando los trabajadores van a la huelga, rompen el contrato de trabajo que cada uno tiene firmado con su patrón, le disputan temporalmente el poder que tiene sobre sus vidas, sobre la necesidad de vender su fuerza de trabajo, sobre las horas de más que trabaja y no les paga. Acordar ir a la huelga, en el fondo, independientemente de las circunstancias, no es reformista ni socialdemócrata, es enfrentarse directamente con quien tiene el poder, sin intermediarios, es un ejemplo de decisión netamente de izquierda transformadora.

Está claro que estas reflexiones son muy radicales, en cuanto que van a la raíz de las cosas, que cada tiempo tiene su protagonismo, que los momentos actuales tienen sus características, de acuerdo; con todo, la pregunta es: si nos caemos del burro, si desmontamos el mito de nuestras diferencias, si reconocemos modestamente la realidad, si nos situamos a ras de suelo ¿Por qué el enfrentamiento dentro de la izquierda, en general, es tan encarnizado, en estos tiempos, en España? Está claro que no todos somos iguales, que para distinguirnos está la historia, que cada uno tenemos la nuestra, y nos responsabilizamos de ella y, porque conocemos la de los demás, tenemos derecho a desconfiar. Ahora bien, en el momento actual ¿qué nos diferencia? ¿Es cuestión de cantidad, de que no es suficiente lo que los demás hacen, de la forma en que lo expresan? ¿Por qué, si a algunos nos llaman socialdemócratas, lo consideramos como un insulto, si lo que hacemos no va más allá de ser socialdemócrata? ¿Por qué no lo reconocemos?

Y termina Maquiavelo: “Es deber del hombre bueno, enseñarles a otros, a los jóvenes sobre todo, el bien que, por la maldad de los tiempos y de la fortuna, él, ese hombre bueno, no pudo hacer, para que, siendo muchos los capacitados para ello, por su claridad de ideas y voluntad, lo puedan hacer”.

Por último, decía Tolstói: “Todo el mundo piensa en cambiar la humanidad, pero muy pocos  piensan en cambiarse a sí mismos”.

La humildad (y la paciencia) es la madre de la ciencia.

 

viernes, 6 de marzo de 2026

 ¿POR QUÉ SOY CRÍTICO CON LA DIRIGENCIA DE PODEMOS?

Nota- Las siguientes líneas son respuesta a gente que le incomoda que sea crítico con quienes forman parte de la actual dirigencia de Podemos. 

Cuando surgió Podemos y le manifesté mi apoyo, cierto sector de la izquierda radical clásica criticó mi postura y, políticamente, me llamó de todo. También cuando participé en el 15-M. Compañeros y compañeras de siempre en mis luchas, no aceptaban que “quienes nunca habían estado en las luchas” (sobre todo en las obreras) se quisieran comer el mundo de los movimientos sociales y las izquierdas. En ambos casos mantuve mi postura. Posteriormente, para las elecciones municipales de Torrelavega, promoví una confluencia entre ACPT, Izquierda Unida y Podemos. Según el cálculo de algunos de los partidos mayoritarios entonces en Torrelavega, de tener éxito el intento, hubiéramos sacado cinco o más concejales. ACPT y Podemos rompieron el intento, y ACPT sacó dos y Podemos uno. Para echar abajo la operación, el PCPE trajo hasta su Secretario General nacional para dar una charla y tildar la operación de fraude y a mí de manipulador. Yo había dejado claro que no sería, en ningún caso, candidato si el intento tenía éxito y cristalizaba en la presentación de una única candidatura.

Ya en 1983, tras el fracaso del Partido de los Trabajadores (ORT-PT) y la desaparición de la ORT, en la que militaba, me planteé la pregunta: ¿Por qué, si tenemos la razón en nuestra crítica al capitalismo y sus consecuencias para los trabajadores, si los datos están ahí y son soportados por todos, la gente no nos sigue? En las municipales de ese año, nos presentamos en Torrelavega bajo el sugerente nombre de “Izquierda para el futuro”. Algo estaba haciendo mal la izquierda clásica, cuando no conseguía un apoyo popular mayoritario.

Por eso, la aparición de Podemos me ilusionó. Y actué en consecuencia, manifestando públicamente mi posición. Siempre he votado a Podemos.

Pero peinaba ya muchas canas de lucha como para digerir fácilmente cualquier discurso, por muy rompedor que pareciese.

Mi primera decepción fue que, para Vista Alegre-I, entre la documentación a debate, el principal documento, el llamado “documento político”, marcaba como único y principal objetivo “construir una máquina electoral, capaz de asaltar los cielos”, no había más definición política e ideológica. A ello se sumó la efigie de Pablo Iglesias, "el Coleta", en las papeletas de votación, al más puro marketing capitalista.

Vista Alegre II se nos presentó como un debate sobre dos concepciones estratégicas distintas, propuestas por Iglesias y Errejón. Fue un debate ficticio. Digo ficticio porque después se vio que el equipo vencedor (Iglesias) no tuvo inconveniente en asumir aspectos clave de la tesis contraria. Estaba  claro que solo se trataba de una lucha personal por el poder: no era un debate de ideas. Con un matiz: Errejón no disputaba a Pablo el cargo de Secretario General, no presentó candidatura. Sin embargo, el perdedor fue cesado fulminantemente como portavoz del partido, pasando a ocuparlo Irene Montero.  Para entonces ya había empezado la “salida”, más o menos forzada de dirigentes.

La lista de “disidentes” fue aumentando progresivamente, tanto en número como en calificación: los disidentes pasaron a ser traidores y, en el más puro estalinismo, al traidor hay que perseguirlo hasta la muerte. Y el proceso se ha extendido hasta hace bien poco ¿queda alguno por purgar? Parece que no: la actual dirigencia se ha visto reducida a la mínima expresión: Las pocas personas que la componen tienen que tapar todos los huecos, dándose la circunstancia de que un Pablo Fernández, por ejemplo,  sea, al mismo tiempo, procurador en las Cortes de Castilla y León por Valladolid desde 2015, portavoz de Unidas Podemos en las Cortes de Castilla y León, secretario general de Podemos-Castilla y León, y secretario de organización y co-portavoz de Podemos a nivel estatal, teniendo que cambiarse los propios estatutos del partido para regularizar su situación.

Para llegar a ese extremo, han tenido que abandonar su puesto una lista interminable de importantes dirigentes, por unas razones u otras, limpieza que parece no acabar nunca. Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón, Luis Alegre, Carolina Bescansa, Teresa Rodriguez, Gema Ubasart, Nacho Álvarez, Tania Sánchez, Tania González, Sergio Pascual, Ángela Ballester, Miguel Urbán, Ramón Espinar, Jorge Moruno, Kichi, Pablo Bustunduy, Carlos Jiménez Villarejo, Meri Pita, Gloria Erizo, Lorena Ruiz, Yolanda Díaz, Alberto Garzón, Rita Maestre, Clara Serra… y ahí está la larga lista de gestoras provisionales que eternizan su mandato indefinidamente o que dimiten en pleno… todos ellos y ellas, seguro que no son monjas de la caridad y que han tenido sus más y sus menos, pero ¿son traidores, todos y todas, en el sentido estricto de la palabra?

La mayor crisis vino con la salida de Errejón, el gran felón, y la creación de Más Madrid: crear un partido, por sorpresa, cuando todavía era miembro de Podemos, fue la “GRAN TRAICIÓN”, tan solo comparable paradójicamente con la propia formación de Podemos, hecha por sorpresa, en un auténtico golpe de mano, con alevosía y nocturnidad, dentro de Izquierda Unida, por varios de sus miembros (Pablo y demás), sin avisar al partido al que pertenecían. La operación se repetía, solo que con otros protagonistas. En una conversación en la Tuerca (programa de Iglesias), con Manolo Monereo, Pablo se vanagloriaba del éxito de la operación: un “golpe de mano” impecable, como el de Trump con Maduro.

¿Cómo iba a aceptar, la dirigencia actual de Podemos, sentarse en la misma mesa con todos los traidores, en un “Sumar” cualquiera? Sus reparos eran lógicos, pero, consecuentes con su valentía, hubiera sido más lógico que se presentaran solos, para demostrar su peso real en la izquierda… pero, no, prefirieron hacerlo bajo el paraguas de un denostado Sumar, para después salirse.    

Siempre me preocupó personalmente la figura del “lobo solitario” en política: el que avanza y avanza, más rápido que los demás, llega más lejos porque se compromete más, pero que… en un momento, mira para atrás y ve que no le sigue nadie… y no es porque los demás lo traicionen, sino porque no son capaces de seguir su ritmo o no coinciden del todo con sus ideas… pero todos son necesarios.

En mi estudio de la historia de la revolución rusa, siempre me llamó la atención la muy discutida propuesta, defendida por Lenin, de firmar, en 1918, después de haber tomado el poder y estar gobernando, que, finalmente, fue acordada, y que culminó con la Paz de Brest-Litowsk, firmada con Alemania, por la que la URSS cedía importantes territorios. Se estaba preparando la Gran Alianza Internacional para derrocar el poder de los soviets, la guerra civil estaba en ciernes… y Lenin prefirió preservar a su gente de un descalabro en términos de muertes… porque tenía claro que sin gente no podía llevar a cabo la revolución que debía seguir a la toma de poder. Veinte años más tarde, Stalin, para alimentar el culto a su personalidad y su imagen de generalísimo militarmente brillante, no tuvo ningún remilgo a la hora de mandar al matadero a más de 26 millones de compatriotas: ¡qué diferencia!

Volviendo a Podemos: ¿qué fue de los círculos, los “soviets” podemitas, el santo y seña del partido que iba a llevar a cabo una “nueva forma de hacer política”? En Torrelavega, a la creación del círculo local, asistieron más de doscientas personas.

Había que elegir entre dos opciones, no contrarias, pero que no podían convivir en el tiempo: o volcarse en la creación y fortalecimiento de los círculos, o centrar todos los esfuerzos, tanto materiales como humanos, para llegar al gobierno. Lo de los círculos llevaría un tiempo, “llegar al Gobierno era una oportunidad, nos proporcionaría cargos,  dinero, medios para formar cuadros que pudieran después crear y fortalecer círculos”: DESPUÉS. Cualquiera de las dos alternativas pueden ser discutibles pero, desde mi punto de vista, primó la prisa por llegar al Gobierno, estando dispuestos a dejar de lado, con ello, por ejemplo, intereses concretos de una parte importante de la población, como los y las pensionistas. Si no llega a ser por el PNV, nos hubiéramos tenido que tragar un año más del 0,25%... y, lo que fue peor, permitió que Rajoy siguiera más de un año gobernando.

Quizá permitir un gobierno PSOE-Ciudadanos, con Podemos en una oposición dura, vigilantes, y haciendo valer sus votos para condicionar la acción de gobierno hubiera sido una opción inteligente en aquél momento. Hay que ver ahora “el poder que tiene el partido con sus cuatro votos”. Entonces eran muchos más e igual de necesarios para conseguir mayorías. Hubieran conseguido mayor poder que estando en el gobierno. Pero lo prioritario era entrar en el Gobierno. Personalmente creo que fue un error.

Creo, es mi opinión, que Podemos ha optado, de cara a las próximas elecciones, y una vez que da por inevitable un gobierno de ultraderecha, ha optado, digo, por trabajar con el objetivo de que, en esa futura situación, Podemos en solitario representará la única oposición verdaderamente de izquierdas y el partido crecerá. Su opción es arriesgada porque olvidan que, para llegar a esa situación, tienen que pasar por las elecciones… y puede que se queden fuera del Congreso. Hasta aquí mi opinión. Sé, por información confiable de gente destacada de Podemos Cantabria, que la consigna venida de Madrid es “no unirse con nadie”, cosa que se puede comprobar que es cierta, con lo que está pasando en las distintas convocatorias electorales autonómicas que se están produciendo y con toda la insistente crítica a todo lo que hace el Gobierno de Coalición. Para mí, esa estrategia es tirar la toalla antes de tiempo. Sé que todo esto tiene bastante de elucubración mía, pero los hechos que están ocurriendo me permiten pensar que, efectivamente, si Podemos sigue en solitario, para mi pesar, se quede fuera.

Y las primarias. Otra seña de identidad. ¿La dirigencia tiene derecho a anunciar (y/o recomendar), por delante, su opinión? Pues sí, lo tiene, sobre todo si no confía en el buen sentir de su propia base a la hora de votar ¿No sería más coherente con su "nueva forma de hacer política" arriesgarse a que la gente se equivoque y aprenda de sus errores y se fortalezca?

Por último, creo que la dirigencia actual de Podemos no es gente de “los nuestros”. Sé que soy muy obrerista, seguro que es un defecto, pero echo en falta, en el discurso de Podemos, más preocupación por lo laboral, por los derechos de los y las trabajadoras, echo en falta un enfrentamiento constante con el poder empresarial, con la CEOE, no les sale espontáneamente, está claro, no es su fuerte. En la campaña de la europeas, escuché una entrevista a Irene Montero, no recuerdo si en Canal Red o la Base, jugando “en casa”, con todo el campo a su favor para expresarse como quisiera, y que duró más de una hora, en la que no nombró, ni una vez, la palabra trabajador, todo un síntoma. ¡Y no digamos obrero! ¡No, por dios! Por eso insisto tanto en que necesitamos "una izquierda para la paz", sí, pero también, y sobre todo, contra la explotación, la pobreza y la desigualdad. Y una política a ras de suelo, que escuche, que proponga mejoras concretas para la vida de la gente… y que actúe, que convoque movilizaciones. ¿Por qué Podemos y los demás, unos y otros, no se atreven a convocar por el problema de la vivienda, por poner un ejemplo? Quizá porque todos, unos y otros, no confían en su poder de convocatoria. ¿Tampoco los valientes?

Toda esta exposición puede parecer un ensañamiento, por mi parte, con Podemos, con su dirigencia, pero no. Lo que expresa es dolor, porque creo en la izquierda, en la de verdad, en la que pone por delante el interés general antes que el partidista. He perdido bastante en la vida por intentar ser consecuente con lo que pienso. Lo que he relatado son hechos, no chascarrillos. Tener un discurso claro y una acción decidida y consecuente sobre los círculos, las primarias, la defensa clara de la clase obrera y sus intereses, los derechos de los más vulnerables, de las mujeres, el Pueblo por encima del partidismo, la honestidad, la autocrítica, el pluralismo, el respeto a la opinión de los demás, son cosas fundamentales para definir una izquierda verdadera, es mi opinión.

Quizá se eche en falta la referencia a todas las dificultades que ha encontrado Podemos fuera. Pero de eso deberían haber sido conscientes, desde el principio, gente tan preparada como son, que iba a ocurrir. Y, para hacerlo frente, la única forma es hacer un partido fuerte, aunque lleve tiempo, y no hay disculpas si se ha podido y no se ha hecho.

Queda bastante tiempo para reaccionar, pero los acontecimientos enseguida se vienen encima y no ha llegado el momento de tirar la toalla. Y quien no se rompa los cuernos por conseguir un futuro gobierno más de izquierdas que el actual tendrá que asumir su responsabilidad.

    

 

 

sábado, 28 de febrero de 2026

Seamos responsables: NO ERREMOS EL TIRO

 

Seamos responsables: NO ERREMOS EL TIRO

Vaya por delante que la primera reacción de la Alcaldesa de Cartes, ante el anuncio del Gobierno de Cantabria, de abrir un centro de acogida de menores no acompañados en su localidad, no solo fue un error político de inexperta, sino sobre todo una falta de sensibilidad humana intolerable en una socialista.

Ante la situación creada y, como no podía ser menos, nuestro corazón nos llevó, sin matices ni reflexión alguna, a participar en la primera manifestación de apoyo a la acogida de los menores, celebrada el primer domingo siguiente a la divulgación de la noticia. Allí estuvimos.

Pero no erremos el tiro.

La desafortunada actuación de la Alcaldesa no justifica, sin embargo, que alegremente demos la vuelta al asunto y atribuyamos responsabilidades a quien menos las tiene.

En primer lugar, y esto hay que dejarlo claro, no se trataba de una situación de emergencia: los menores no estaban a la deriva en alta mar, ni siquiera acababan de llegar a nuestras playas en patera, venían de un centro de acogida, en el que estaban siendo atendidos desde hacía un tiempo, y no hubiera pasado nada si permanecían en él unos días más, hasta que se pudiera cumplir con  todas las formalidades y adoptar las medidas necesarias para que el acogimiento se produjera con la mayor normalidad y efectividad posible.

Y, en segundo lugar, la elección de Cartes para situar el centro de acogida no fue una decisión “inocente” del Gobierno de Cantabria, como tampoco lo fue el mantener en secreto su ubicación concreta y las obras de acondicionamiento, prescindiendo de todos los trámites que la competencia municipal exige para ese tipo de situaciones. Y fue poco o nada responsable. Como tampoco es una decisión “inocente” que haya vuelto a escoger un Ayuntamiento gobernado por socialistas, como el de Castro, para ubicar un segundo centro. Las instituciones deben respetarse entre sí.

Es público cómo el Gobierno Autónomo se ha opuesto, desde el principio, siguiendo fielmente las directrices del partido que lo sustenta, el PP, a la acogida de los menores, fruto del acuerdo del Gobierno Central con el de Canarias. El Partido Popular ha contribuido a la creación de un ambiente anti-emigrantes denigrante, apoyándose en bulos manifiestos y opiniones reaccionarias. Y, para ser más eficaces en su política de oposición, ha alegado, en su contra, ante los tribunales, hasta el punto de que ha tenido que ser un juez quien le obligue a cumplir lo dispuesto. No obstante, y según tengo entendido, el Gobierno sigue manteniendo el recurso contra la resolución judicial. Por lo tanto, no es de recibo que oportunistamente la Presidenta de Cantabria, a la vista de la movilización ciudadana, se ponga al frente de la manifestación, intentando sacar pecho como cumplidora de las resoluciones judiciales y alardeando de sensibilidad y solidaridad para con los vulnerables menores no acompañados. Y menos aún que los demás la sigamos dócilmente.

Porque tampoco es de recibo que, fuerzas políticas, de indudable apoyo al acogimiento de los menores, carguen directamente contra la alcaldesa como principal responsable, y dejen de hacerlo con quien tiene la verdadera responsabilidad en el conflicto, quien ha operado con nocturnidad y alevosía, como ha hecho el Partido Popular, para provocarlo descaradamente.

Las instituciones, a los distintos niveles, tienen sus competencias y sus obligaciones. Y ninguna puede alegar desconocimiento de las competencias y obligaciones de la otra. Hay normas  autonómicas y las hay municipales, y unas y otras son de obligado cumplimiento.

Muchas veces, es solo cuestión de instinto, más que de experiencia y claridad de ideas, saber distinguir el polvo de la paja de todo lo que se mueve a nuestro alrededor.

 

 

viernes, 27 de febrero de 2026

SALIR A GANAR, O...

 

SALIR A GANAR, O…

Siempre distinguí entre la izquierda que aspira a ganar, a intentarlo, aunque se caiga en el intento; y quien solo aspira, o se conforma, que es lo mismo, con defender lo que posee, aunque solo sea un montón de ideas con las que ser coherente. Ser coherente es necesario pero, para generar confianza, hay que esforzarse por ganar, arriesgando si es preciso.

Por lo mismo, siempre me merecieron poco respeto quienes se contentaban con el mal menor y, sobre todo,  detesté a quienes apostaban por el “cuanto peor mejor” con la ilusión de que, en medio del caos, ellos podrían crecer.

En elecciones, se puede perder votos una vez, ser castigado por los votantes por algún error cometido. Pero si se siguen perdiendo votos una y otra vez, algo mal se está haciendo, y los votos perdidos no se recuperan fácilmente.

La historia demuestra que, para que surja una organización política “rompedora”, tiene que producirse dentro de un movimiento generalizado de movilizaciones populares  y en conflicto. En tiempo de calma, Podemos no hubiera sido posible: la movilización del 15-M lo hizo posible. También muestra la historia que, cuando el movimiento llega a entrar en las instituciones, obteniendo representación en ellas, la movilización desaparece o, cuando menos, disminuye. Los verdaderos cambios se consiguen desde el gobierno pero, y sobre todo, por la presión en las calles.

Las grandes transformaciones no las han conseguido los partidos políticos en solitario, ni la acción política institucional. Se producen cuando junto, o tras los partidos, está la gente. Y no solo apoyando, sino aportando, ideas, corazón, organización y fuerza.

En una lucha encarnizada de clases, la valía y grandeza de un movimiento se mide por el poder de su enemigo. Lo decía el gran Jefe Indio. Y no vale estar siempre lamentándose de que el enemigo te persiguió, te discriminó, te boicoteó. Ser perseguido, discriminado o boicoteado por tu enemigo, es un título de grandeza del que hay que sentirse orgulloso, por mucho mal que te haya hecho. Es lo que te justifica, te distingue, te confirma: tener un enemigo importante porque tú eres  importante. Cuando el enemigo deja de perseguirte… malo.

Vivimos una situación en la que vemos cómo avanza, a golpe de encuestas y, en los últimos tiempos, a golpe de resultados electorales, el principal enemigo de los y las trabajadoras, los pensionistas, los jóvenes, las mujeres, los emigrantes y las personas vulnerables, en general: todo apunta a que, PP y VOX, pueden ganar las próximas elecciones generales y lograr formar gobierno.

Y que gobiernen la derecha extrema y la extrema derecha no será, si eso se produce, algo pasajero, un paréntesis “soportable”, en el que se perderán derechos, pocos para quienes más tienen (derechos), y muchos para quienes tienen pocos (los trabajadores, los y las personas dependientes, las viudas, los sin techo, los que no pueden alquilar una vivienda, los que no tienen papeles… los más vulnerables). Por ellos, por quienes más sufrirán, si llegan a gobernar las derechas y, más aún, si llegan a gobernar más de una legislatura, las izquierdas tenemos la necesidad y la obligación de ponernos en movimiento para que eso no ocurra. No podemos consentir que quienes más sufren, lo vayan a soportar un año, cuatro, ocho años. Y no es cuestión de miedo: es solidaridad y compromiso con quienes más sufren. ¡Salgamos del confort en que vivimos!

Los últimos acontecimientos políticos demuestran que hay izquierda, izquierda plural, y que, la necesidad de conseguir la mayor unión posible entre esas izquierdas, es una aspiración que se ha asentado en la sociedad, hasta llegar a ser “de sentido común”, para alboroto mediático y preocupación de muchos.

Y ante esta situación, caben alternativas.

Desde quedarse de brazos cruzados, “a ver qué pasa” (ésta no es alternativa de nada), a conformarse con el mal menor, con resistir… o salir a ganar con decisión.

Contentarse con el mal menor es resignación, es conformismo, es aspirar a quedarse con lo que se tiene y aferrarse a ello, temiendo que se pueda perder. Es mal menor encubierto jactarse de que con lo poco que se tiene se pueden conseguir cosas importantes. Lo hace Junts per Cataluña, una y otra vez, y presume de ello ante sus votantes… y también lo hace Podemos con lo de la regularización de los emigrantes. Tener solo uno, dos, cuatro, siete votos “determinantes” no es título de nada, no engrandece a quien los tiene, no le da más poder, solo muestra la debilidad del conjunto, del que tú también formas parte: solo es muestra de que la mayoría progresista en el Congreso es exigua, y nada más. Y no podemos conformarnos, tampoco Podemos, creo, con que así siga siendo. Necesitamos una mayoría amplia. Con una amplia mayoría sobrarían votos y no habría votos “determinantes”.

Resistir es agarrarse a lo poco que se está haciendo (Sumar) dentro del Gobierno, sin tomar decisiones importantes, no contentándose con solo amenazas, que puedan justificar seguir dentro, cuando el socio mayoritario en el Gobierno, el PSOE, rechace, desprecie o boicotee tus propuestas.

Salir a ganar es… salir a la calle, movilizar, atreverse a convocar, sin miedo a que la gente, al principio, no te siga; con propuestas creíbles, llenas de contenido práctico, que mejoren la vida de la gente… salir con la frente alta, confiados en nosotros mismos, convencidos de lo que decimos, única manera de que la gente confíe en nosotros y se sume…

… Y es salir ahora, no vamos a votar mañana, queda tiempo por delante, se pueden lograr muchas cosas todavía, se puede, desde ya, dejar claro por qué vamos a luchar después, porque lo estamos defendiendo ahora ya. Se puede debatir mucho, se puede acordar lo necesario, se puede escuchar a la gente, se puede concretar un programa que recoja los puntos fundamentales, los más necesarios, se puede dar participación a todo el que quiera… se puede. Lo que no se puede es quedarse fuera por estar en desacuerdo con el “para qué”, el “cómo o el “quién”, cuando aún nadie siquiera lo ha definido.  Abramos la posibilidad de que entre todos podamos hacerlo. Nadie es imprescindible, pero TODOS somos necesarios.

… Y no es  cosa de los partidos solo: los sindicatos, los movimientos sociales, vecinales, feministas, ecologistas… todos tenemos algo que decir y todos podemos aportar, comprometernos y arrimar el hombro.

Hay tiempo, pero el tiempo corre, deprisa, no para. Solo falta voluntad de intentarlo. Y no valen excusas.

Nota.- Hay quien, intentando llevar las cosas al extremo, plantea que deberíamos implicar al PSOE en esto. No sería la primera vez que se plantea y que se acuerda. En el 2000, Joaquín Almunia (PSOE) y Francisco Frutos (IU) llegaron a un acuerdo electoral con resultados desastrosos para ambos partidos, y ganó Aznar. Otra cosa fue el Frente Popular del 36, pero las condiciones eran distintas. El PSOE, todavía mayoritario, debe sentirse clara y públicamente presionado a su izquierda, desde ya. El objetivo no consiste en la sola repetición de un gobierno progresista, el objetivo es conseguir el gobierno MÁS progresista posible y, para ello, hace falta que, a la izquierda del PSOE, haya la mayor fuerza posible.