viernes, 6 de marzo de 2026

 

¿POR QUÉ SOY CRÍTICO CON LA DIRIGENCIA DE PODEMOS?

Nota- Las siguientes líneas son respuesta a gente que le incomoda que sea crítico con quienes forman parte de la actual dirigencia de Podemos. 

Cuando surgió Podemos y le manifesté mi apoyo, cierto sector de la izquierda radical clásica criticó mi postura y, políticamente, me llamó de todo. También cuando participé en el 15-M. Compañeros y compañeras de siempre en mis luchas, no aceptaban que “quienes nunca habían estado en las luchas” (sobre todo en las obreras) se quisieran comer el mundo de los movimientos sociales y las izquierdas. En ambos casos mantuve mi postura. Posteriormente, para las elecciones municipales de Torrelavega, promoví una confluencia entre ACPT, Izquierda Unida y Podemos. Según el cálculo de algunos de los partidos mayoritarios entonces en Torrelavega, de tener éxito el intento, hubiéramos sacado cinco o más concejales. ACPT y Podemos rompieron el intento, y ACPT sacó dos y Podemos uno. Para echar abajo la operación, el PCPE trajo hasta su Secretario General nacional para dar una charla y tildar la operación de fraude y a mí de manipulador. Yo había dejado claro que no sería, en ningún caso, candidato si el intento tenía éxito y cristalizaba en la presentación de una única candidatura.

Ya en 1983, tras el fracaso del Partido de los Trabajadores (ORT-PT) y la desaparición de la ORT, en la que militaba, me planteé la pregunta: ¿Por qué, si tenemos la razón en nuestra crítica al capitalismo y sus consecuencias para los trabajadores, si los datos están ahí y son soportados por todos, la gente no nos sigue? En las municipales de ese año, nos presentamos en Torrelavega bajo el sugerente nombre de “Izquierda para el futuro”. Algo estaba haciendo mal la izquierda clásica, cuando no conseguía un apoyo popular mayoritario.

Por eso, la aparición de Podemos me ilusionó. Y actué en consecuencia, manifestando públicamente mi posición. Siempre he votado a Podemos.

Pero peinaba ya muchas canas de lucha como para digerir fácilmente cualquier discurso, por muy rompedor que pareciese.

Mi primera decepción fue que, para Vista Alegre-I, entre la documentación a debate, el principal documento, el llamado “documento político”, marcaba como único y principal objetivo “construir una máquina electoral, capaz de asaltar los cielos”, no había más definición política e ideológica. A ello se sumó la efigie de Pablo Iglesias, "el Coleta", en las papeletas de votación, al más puro marketing capitalista.

Vista Alegre II se nos presentó como un debate sobre dos concepciones estratégicas distintas, propuestas por Iglesias y Errejón. Fue un debate ficticio. Digo ficticio porque después se vio que el equipo vencedor (Iglesias) no tuvo inconveniente en asumir aspectos clave de la tesis contraria. Estaba  claro que solo se trataba de una lucha personal por el poder: no era un debate de ideas. Con un matiz: Errejón no disputaba a Pablo el cargo de Secretario General, no presentó candidatura. Sin embargo, el perdedor fue cesado fulminantemente como portavoz del partido, pasando a ocuparlo Irene Montero.  Para entonces ya había empezado la “salida”, más o menos forzada de dirigentes.

La lista de “disidentes” fue aumentando progresivamente, tanto en número como en calificación: los disidentes pasaron a ser traidores y, en el más puro estalinismo, al traidor hay que perseguirlo hasta la muerte. Y el proceso se ha extendido hasta hace bien poco ¿queda alguno por purgar? Parece que no: la actual dirigencia se ha visto reducida a la mínima expresión: Las pocas personas que la componen tienen que tapar todos los huecos, dándose la circunstancia de que un Pablo Fernández, por ejemplo,  sea, al mismo tiempo, procurador en las Cortes de Castilla y León por Valladolid desde 2015, portavoz de Unidas Podemos en las Cortes de Castilla y León, secretario general de Podemos-Castilla y León, y secretario de organización y co-portavoz de Podemos a nivel estatal, teniendo que cambiarse los propios estatutos del partido para regularizar su situación.

Para llegar a ese extremo, han tenido que abandonar su puesto una lista interminable de importantes dirigentes, por unas razones u otras, limpieza que parece no acabar nunca. Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón, Luis Alegre, Carolina Bescansa, Teresa Rodriguez, Gema Ubasart, Nacho Álvarez, Tania Sánchez, Tania González, Sergio Pascual, Ángela Ballester, Miguel Urbán, Ramón Espinar, Jorge Moruno, Kichi, Pablo Bustunduy, Carlos Jiménez Villarejo, Meri Pita, Gloria Erizo, Lorena Ruiz, Yolanda Díaz, Alberto Garzón, Rita Maestre, Clara Serra… y ahí está la larga lista de gestoras provisionales que eternizan su mandato indefinidamente o que dimiten en pleno… todos ellos y ellas, seguro que no son monjas de la caridad y que han tenido sus más y sus menos, pero ¿son traidores, todos y todas, en el sentido estricto de la palabra?

La mayor crisis vino con la salida de Errejón, el gran felón, y la creación de Más Madrid: crear un partido, por sorpresa, cuando todavía era miembro de Podemos, fue la “GRAN TRAICIÓN”, tan solo comparable paradójicamente con la propia formación de Podemos, hecha por sorpresa, en un auténtico golpe de mano, con alevosía y nocturnidad, dentro de Izquierda Unida, por varios de sus miembros (Pablo y demás), sin avisar al partido al que pertenecían. La operación se repetía, solo que con otros protagonistas. En una conversación en la Tuerca (programa de Iglesias), con Manolo Monereo, Pablo se vanagloriaba del éxito de la operación: un “golpe de mano” impecable, como el de Trump con Maduro.

¿Cómo iba a aceptar, la dirigencia actual de Podemos, sentarse en la misma mesa con todos los traidores, en un “Sumar” cualquiera? Sus reparos eran lógicos, pero, consecuentes con su valentía, hubiera sido más lógico que se presentaran solos, para demostrar su peso real en la izquierda… pero, no, prefirieron hacerlo bajo el paraguas de un denostado Sumar, para después salirse.    

Siempre me preocupó personalmente la figura del “lobo solitario” en política: el que avanza y avanza, más rápido que los demás, llega más lejos porque se compromete más, pero que… en un momento, mira para atrás y ve que no le sigue nadie… y no es porque los demás lo traicionen, sino porque no son capaces de seguir su ritmo o no coinciden del todo con sus ideas… pero todos son necesarios.

En mi estudio de la historia de la revolución rusa, siempre me llamó la atención la muy discutida propuesta, defendida por Lenin, de firmar, en 1918, después de haber tomado el poder y estar gobernando, que, finalmente, fue acordada, y que culminó con la Paz de Brest-Litowsk, firmada con Alemania, por la que la URSS cedía importantes territorios. Se estaba preparando la Gran Alianza Internacional para derrocar el poder de los soviets, la guerra civil estaba en ciernes… y Lenin prefirió preservar a su gente de un descalabro en términos de muertes… porque tenía claro que sin gente no podía llevar a cabo la revolución que debía seguir a la toma de poder. Veinte años más tarde, Stalin, para alimentar el culto a su personalidad y su imagen de generalísimo militarmente brillante, no tuvo ningún remilgo a la hora de mandar al matadero a más de 26 millones de compatriotas: ¡qué diferencia!

Volviendo a Podemos: ¿qué fue de los círculos, los “soviets” podemitas, el santo y seña del partido que iba a llevar a cabo una “nueva forma de hacer política”? En Torrelavega, a la creación del círculo local, asistieron más de doscientas personas.

Había que elegir entre dos opciones, no contrarias, pero que no podían convivir en el tiempo: o volcarse en la creación y fortalecimiento de los círculos, o centrar todos los esfuerzos, tanto materiales como humanos, para llegar al gobierno. Lo de los círculos llevaría un tiempo, “llegar al Gobierno era una oportunidad, nos proporcionaría cargos,  dinero, medios para formar cuadros que pudieran después crear y fortalecer círculos”: DESPUÉS. Cualquiera de las dos alternativas pueden ser discutibles pero, desde mi punto de vista, primó la prisa por llegar al Gobierno, estando dispuestos a dejar de lado, con ello, por ejemplo, intereses concretos de una parte importante de la población, como los y las pensionistas. Si no llega a ser por el PNV, nos hubiéramos tenido que tragar un año más del 0,25%... y, lo que fue peor, permitió que Rajoy siguiera más de un año gobernando.

Quizá permitir un gobierno PSOE-Ciudadanos, con Podemos en una oposición dura, vigilantes, y haciendo valer sus votos para condicionar la acción de gobierno hubiera sido una opción inteligente en aquél momento. Hay que ver ahora “el poder que tiene el partido con sus cuatro votos”. Entonces eran muchos más e igual de necesarios para conseguir mayorías. Hubieran conseguido mayor poder que estando en el gobierno. Pero lo prioritario era entrar en el Gobierno. Personalmente creo que fue un error.

Creo, es mi opinión, que Podemos ha optado, de cara a las próximas elecciones, y una vez que da por inevitable un gobierno de ultraderecha, ha optado, digo, por trabajar con el objetivo de que, en esa futura situación, Podemos en solitario representará la única oposición verdaderamente de izquierdas y el partido crecerá. Su opción es arriesgada porque olvidan que, para llegar a esa situación, tienen que pasar por las elecciones… y puede que se queden fuera del Congreso. Hasta aquí mi opinión. Sé, por información confiable de gente destacada de Podemos Cantabria, que la consigna venida de Madrid es “no unirse con nadie”, cosa que se puede comprobar que es cierta, con lo que está pasando en las distintas convocatorias electorales autonómicas que se están produciendo y con toda la insistente crítica a todo lo que hace el Gobierno de Coalición. Para mí, esa estrategia es tirar la toalla antes de tiempo. Sé que todo esto tiene bastante de elucubración mía, pero los hechos que están ocurriendo me permiten pensar que, efectivamente, si Podemos sigue en solitario, para mi pesar, se quede fuera.

Y las primarias. Otra seña de identidad. ¿La dirigencia tiene derecho a anunciar (y/o recomendar), por delante, su opinión? Pues sí, lo tiene, sobre todo si no confía en el buen sentir de su propia base a la hora de votar ¿No sería más coherente con su "nueva forma de hacer política" arriesgarse a que la gente se equivoque y aprenda de sus errores y se fortalezca?

Por último, creo que la dirigencia actual de Podemos no es gente de “los nuestros”. Sé que soy muy obrerista, seguro que es un defecto, pero echo en falta, en el discurso de Podemos, más preocupación por lo laboral, por los derechos de los y las trabajadoras, echo en falta un enfrentamiento constante con el poder empresarial, con la CEOE, no les sale espontáneamente, está claro, no es su fuerte. En la campaña de la europeas, escuché una entrevista a Irene Montero, no recuerdo si en Canal Red o la Base, jugando “en casa”, con todo el campo a su favor para expresarse como quisiera, y que duró más de una hora, en la que no nombró, ni una vez, la palabra trabajador, todo un síntoma. ¡Y no digamos obrero! ¡No, por dios! Por eso insisto tanto en que necesitamos "una izquierda para la paz", sí, pero también, y sobre todo, contra la explotación, la pobreza y la desigualdad. Y una política a ras de suelo, que escuche, que proponga mejoras concretas para la vida de la gente… y que actúe, que convoque movilizaciones. ¿Por qué Podemos y los demás, unos y otros, no se atreven a convocar por el problema de la vivienda, por poner un ejemplo? Quizá porque todos, unos y otros, no confían en su poder de convocatoria. ¿Tampoco los valientes?

Toda esta exposición puede parecer un ensañamiento, por mi parte, con Podemos, con su dirigencia, pero no. Lo que expresa es dolor, porque creo en la izquierda, en la de verdad, en la que pone por delante el interés general antes que el partidista. He perdido bastante en la vida por intentar ser consecuente con lo que pienso. Lo que he relatado son hechos, no chascarrillos. Tener un discurso claro y una acción decidida y consecuente sobre los círculos, las primarias, la defensa clara de la clase obrera y sus intereses, los derechos de los más vulnerables, de las mujeres, el Pueblo por encima del partidismo, la honestidad, la autocrítica, el pluralismo, el respeto a la opinión de los demás, son cosas fundamentales para definir una izquierda verdadera, es mi opinión.

Quizá se eche en falta la referencia a todas las dificultades que ha encontrado Podemos fuera. Pero de eso deberían haber sido conscientes, desde el principio, gente tan preparada como son, que iba a ocurrir. Y, para hacerlo frente, la única forma es hacer un partido fuerte, aunque lleve tiempo, y no hay disculpas si se ha podido y no se ha hecho.

Queda bastante tiempo para reaccionar, pero los acontecimientos enseguida se vienen encima y no ha llegado el momento de tirar la toalla. Y quien no se rompa los cuernos por conseguir un futuro gobierno más de izquierdas que el actual tendrá que asumir su responsabilidad.

    

 

 

 

Seamos responsables: NO ERREMOS EL TIRO

Vaya por delante que la primera reacción de la Alcaldesa de Cartes, ante el anuncio del Gobierno de Cantabria, de abrir un centro de acogida de menores no acompañados en su localidad, no solo fue un error político de inexperta (con perdón), sino sobre todo una falta de sensibilidad humana intolerable en una socialista.

Ante la situación creada y, como no podía ser menos, nuestro corazón nos llevó, sin matices ni reflexión alguna, a participar en la primera manifestación de apoyo a la acogida de los menores, celebrada el primer domingo siguiente a la divulgación de la noticia. Allí estuvimos.

Pero no erremos el tiro.

La desafortunada actuación de la Alcaldesa no justifica, sin embargo, que alegremente demos la vuelta al asunto y atribuyamos responsabilidades a quien menos las tiene.

En primer lugar, y esto hay que dejarlo claro, no se trataba de una situación de emergencia: los menores no estaban a la deriva en alta mar, ni siquiera acababan de llegar a nuestras playas en patera, venían de un centro de acogida, en el que estaban siendo atendidos desde hacía un tiempo, y no hubiera pasado nada si permanecían en él unos días más, hasta que se pudiera cumplir con  todas las formalidades y adoptar las medidas necesarias para que el acogimiento se produjera con la mayor normalidad y efectividad posible.

Y, en segundo lugar, la elección de Cartes para situar el centro de acogida no fue una decisión “inocente” del Gobierno de Cantabria, como tampoco lo fue el mantener en secreto su ubicación concreta y las obras de acondicionamiento, prescindiendo de todos los trámites que la competencia municipal exige para ese tipo de actuaciones. Y fue poco o nada responsable. Como tampoco es una decisión “inocente” que haya vuelto a escoger un Ayuntamiento gobernado por socialistas, como el de Castro, para ubicar un segundo centro. Las instituciones deben respetarse entre sí.

Es público cómo el Gobierno Autónomo se ha opuesto, desde el principio, siguiendo fielmente las directrices del partido que lo sustenta, el PP, a la acogida de los menores, fruto del acuerdo del Gobierno Central con el de Canarias. El Partido Popular ha contribuido a la creación de un ambiente anti-emigrantes denigrante, apoyándose en bulos manifiestos y opiniones reaccionarias. Y, para ser más eficaces en su política de oposición, ha alegado, en su contra, ante los tribunales, hasta el punto de que ha tenido que ser un juez quien le obligue a cumplir lo dispuesto. No obstante, y según tengo entendido, el Gobierno sigue manteniendo el recurso contra la resolución judicial. Por lo tanto, no es de recibo que oportunistamente la Presidenta de Cantabria, a la vista de la movilización ciudadana, se ponga al frente de la manifestación, intentando sacar pecho como cumplidora de las resoluciones judiciales y alardeando de sensibilidad y solidaridad para con los vulnerables menores no acompañados. Y menos aún es de recibo que los demás la sigamos dócilmente.

Y es que tampoco es de recibo que, fuerzas políticas, de indudable apoyo al acogimiento de los menores, carguen directamente contra la alcaldesa como principal responsable, y dejen de hacerlo con quien tiene la verdadera responsabilidad en el conflicto, quien ha operado con nocturnidad y alevosía, como ha hecho el Partido Popular, para provocarlo descaradamente.

Las instituciones, a los distintos niveles, tienen sus competencias y sus obligaciones. Y ninguna puede alegar desconocimiento de las competencias y obligaciones de la otra. Hay normas  autonómicas y las hay municipales, y unas y otras son de obligado cumplimiento.

Muchas veces, es solo cuestión de olfato, más que de conocimiento y claridad de ideas, saber distinguir el polvo de la paja de todo lo que se mueve a nuestro alrededor.