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jueves, 11 de noviembre de 2021

RECORTAD, RECORTAD, MALDITOS...!

 

RECORTAD, RECORTAD, MALDITOS…!

Cuando escribo estas líneas, está a punto de concluir el plazo que se ha dado el Gobierno para llegar a un acuerdo, con los agentes sociales, sobre el segundo bloque de reformas a incorporar a la nueva Ley General de la Seguridad Social.

No es verano para que a los ciudadanos, en general, y a los pensionistas, en particular, nos encuentre relajados, como para no detectar cualquier acuerdo que vaya a afectar al futuro de nuestras pensiones, o a las condiciones en que vayan a jubilarse las y los futuros pensionistas. Aunque lo fuera, no nos cogería desprevenidos, los pensionistas llevamos camino ya de cuatro años alerta, temiendo lo peor, y denunciando lo que se nos viene encima, si no logramos pararlo.

Ni el que las medidas se vayan aprobando en pequeñas dosis, ni que se haga en secreto, como parece que éste es el caso, nos van a hacer cambiar de actitud, seguimos vigilantes porque, desde 1985, en tiempos de Felipe González, y por todos los gobiernos que han venido después, todas, repito, todas las medidas implantadas en lo relativo a las pensiones, han ido encaminadas a reducir el gasto y nunca a aumentar los ingresos, y siempre perjudicando a los y las trabajadoras.

En todo este tiempo, y para todos los recortes, un único argumento ha sido empleado para justificar las medidas: “no hay dinero”, dicen, “los ingresos de la Seguridad Social no son suficientes para equilibrar las cuentas”, y “es necesario que los y las trabajadoras se vayan concienciando de que, sus futuras pensiones van a ser pensiones de miseria…” y les proponen, con todo el descaro del mundo, que vayan haciéndose con un plan privado de pensiones, con el que complementar la pensión pública que, según ellos pronostican, va ser insuficiente para vivir. Y los medios de comunicación, invariablemente, hacen suyo este discurso, sin contrastar datos, y dando por supuesto que no hay alternativa, que la única salida es… privatizar el Sistema Público de Pensiones.

Con esta cantinela nos vienen bombardeando desde hace más de treinta años, atreviéndose a augurar que el actual Sistema Público iba a colapsar. La realidad les ha desmentido, una y otra vez, el Sistema sigue funcionando y, según ha asegurado recientemente el propio Ministro del ramo, nada sospechoso de defenderlo, el Sistema es viable si se le libera de los gastos impropios que está soportando. Pero, “casualmente”, estas declaraciones se olvidan continuamente, cuando no se ocultan interesadamente.

Por si las palabras del Ministro no fueran suficientes, cualquier persona, con un mínimo de sentido crítico y curiosidad, puede encontrar información suficiente como para poder afirmar, con objetividad, que sí hay dinero, que lo que hace falta es destapar dónde se encuentra y que, en todo caso, lo que hace falta es una Reforma Fiscal profunda, que proporcione a la Hacienda Pública los ingresos suficientes para financiar adecuadamente los Servicios Sociales y, entre ellos unas pensiones dignas y suficientes, como establece la Constitución, en su artículo 50.

Solamente, por la vía de la corrupción, y por los casos Nóos, Palau, Púnica, Gurtel, Eres de Andalucía, Cástor, Tarjetas Black y Palma Arena, la Hacienda ha dejado de recaudar 1.714 millones de euros y, si les sumamos los 60.600 millones del rescate a la Banca, y los 80.000 de la evasión de capitales, tendríamos un total de 142.313.800.000€, cantidad con la que podría, la Seguridad Social, pagar las pensiones de todo un año, o dedicarlas a engrosar, de una tacada, y mucho más generosamente de lo que el Ministro propone, la Hucha de las Pensiones, con esa idea suya de aumentar las cotizaciones, con el objetivo de recaudar 52.000 millones en veintiocho años.

Pero, los más ilusos creen que la corrupción, no se volverá a producir, que el rescate de la Banca lo fue por una sola vez y que, suponen, Hacienda está más vigilante sobre la evasión de capitales. Esos dineros solucionarían el problema de un año, sí, pero la pregunta obligada es ¿y después qué? ¿cómo financiaríamos los siguientes años?

Si el Ministro, con su plan de elevar las cotizaciones, se conforma con solo ingresar 1.900 millones de euros al año, para llenar la Hucha, el Gobierno debería mirar a los beneficios netos de la Banca que, no solo una vez, sino todos los años, obtiene unos resultados astronómicos, que no sufren merma, ni siquiera en tiempo de pandemia: Los cinco mayores bancos españoles (Banco Santander, BBVA, CaixaBank, Banco Sabadell y Bankinter) han sumado, entre los meses de enero y septiembre, unas  ganancias de 12.802 millones de euros.

Estos y otros datos no hacen más que reafirmarnos, a quienes estamos preocupados por el tema, y trabajamos por encontrarle una solución, en sintonía con el Movimiento Pensionista, en que es necesaria una Reforma Fiscal profunda que distribuya más justamente la riqueza. Y, ante la Reforma de las Pensiones que se avecina, nos reafirmamos en nuestro rechazo más contundente a cualquier recorte que se quiera añadir a los ya aplicados y, en consecuencia, en nuestra exigencia de que se deroguen las reformas de las pensiones de 2011 y 2013, introducidas por los gobiernos de Zapatero y Rajoy y que son las verdaderas causantes del problema.

No nos debe importar quién sea, en cada momento, quien gobierne, la lucha contra la corrupción no debe distinguir entre colores, una reforma fiscal que, cuando menos, nos equipare a Europa, es de justicia, y recortar la brecha que existe entre los y las pensionistas es urgente.

 

 

lunes, 5 de septiembre de 2011

CURSO ECONOMÍA. Bloque 2

Bloque 2. DINERO NO FALTA, SOBRAN LADRONES

El dinero en la historia: su evolución
    Dinero metálico
    Dinero papel
    Dinero convertible
    Dinero parcialmente convertible
    Dinero no respaldado por su equivalente en oro
    Otros medios de cambio: cheques, pagarés, bonos, letras, etc.

El valor del dinero
    Valor propio como mercancía útil: moneda de metal precioso
    Valor relativo como medio equivalente de cambio
    Valor virtual (“que tiene existencia aparente, no real, pero puede producir un efecto”), como mera 
    anotación contable

El dinero no produce dinero
    El dinero, como moneda, vale lo que cuesta producirla
    El dinero, cuando se reduce a ser mero medio de pago, sólo tiene valor en el intercambio
    El dinero, como mero valor de cambio, no se vende
    se presta, a cambio de más dinero
        tiene un precio
        El Interés es el precio especial del dinero
    Prestar, es el principal negocio de los bancos
        ¿En qué consiste ese negocio?

La circulación es el viaje del dinero a través de los intercambios
    El mismo dinero puede ser cambiado, sucesivamente, por distintas mercancías
            El dinero es la base de la circulación de mercancías
    El dinero se mueve permanentemente
            las mercancías normalmente se van saliendo de la circulación hacia el consumo
            Velocidad de circulación y rotación del dinero
            Influencia en la economía del capitalista       

Origen del actual dinero disponible en los mercados
    ¿De dónde proviene el dinero que nos prestan los inversores?
    ¿De dónde se saca el dinero con que  se devuelven los préstamos?
    ¿De dónde se saca el dinero con que se pagan los intereses?
    ¿Tienen verdadero interés los prestamistas en que acabemos de devolverles su dinero?

       

Analizar y comentar:

   Anexo 2. Texto: “El dinero no da la felicidad…”



Anexo 2. Texto: EL DINERO NO DA LA FELICIDAD, PERO AYUDA... ¡¡¡A COMPLICARLO TODO!!!
jmg

AL PRINCIPIO ERA LA VIDA

Al principio, muy al principio, y desde hace “apenas” 800.000 años (!!!), la gente vivía de la recolección de los frutos de la Naturaleza, se abastecía libremente y apenas tenía que intercambiar, haciéndolo, en todo caso, mediante el trueque, producto por producto, sin problemas para encontrar equivalencias de valor, pues costaba parecido recolectar un coco que una pera.

La capacidad de observación, la energía y la habilidad manual propias del ser humano, unidos a la necesidad de protección y seguridad vital ante la propia Naturaleza, desarrollaron su capacidad de transformar, mediante el trabajo, los recursos naturales, logrando obtener, no sólo medios nuevos de subsistencia, sino también en mayor cantidad.

Pasó de depender absolutamente de la Naturaleza a empezar a dominarla, manipulando, en provecho propio, sus leyes de funcionamiento.

De una época en que sólo se producía (recolectaba) lo necesario para subsistir, se pasó “pronto” (¡¡¡sólo 700.000 años más tarde!!!) a producir más de lo necesario, y a repartirse el trabajo en distintas funciones o especialidades entre los distintos miembros de la comunidad. Nació el excedente y la división del trabajo.

De una época en que el valor de las cosas dependía exclusivamente de que fueran útiles o no para la satisfacción de las necesidades, se pasó a otra en que lo importante era poder cambiar unas cosas por otras y, para que esto fuera posible, las cosas empezaron a valer lo que había costado producirlas (trabajo).

ACAPARAR PARA VIVIR SIN PODER DORMIR

Llegados a esta nueva época, cuando las comunidades fueron capaces de producir más de lo que necesitaban, surgieron los interrogantes y las preocupaciones nuevas de cómo almacenar, cómo conservar, cómo defender el excedente acumulado y cómo cambiarlo por otros bienes, cómo transportarlo. Así apareció, “inmediatamente” (¡¡apenas 70.000 años después!!) y simultáneamente, las funciones del soldado y del comerciante en la comunidad, quienes estaban liberados del trabajo de producir y tenían la misión de proteger e intercambiar los bienes sobrantes con otras comunidades.

La diferencia de valor en trabajo de los diversos bienes, hizo enseguida casi imposible el trueque entre comunidades distintas, lo que dio lugar a un acuerdo entre los distintos comerciantes, por el cual se establecía un bien con valor propio, sea por su utilidad (la sal, por ej.), sea por el trabajo que costaba producirlo (el oro y otros metales), que reuniese las cualidades de aceptación general, inalterabilidad y, sobre todo, divisibilidad, que permitiese establecer, en cada caso, una equivalencia exacta entre los distintos valores de los distintos bienes: el dinero, un bien diferente, que no servía para satisfacer ninguna necesidad, pero sí para cambiarlo por aquellos que sí satisfacían las necesidades. Esto se produjo –decíamos- “rápidamente” (¡unos 20.000 años después!).

El dinero, que no es, en sí mismo, ni malo ni bueno, que facilita los intercambios, no necesariamente ayuda a aumentar la producción y la calidad de los productos (el dinero no engendra dinero, decía Tomás de Aquino), pero sí incita a ello. Porque tan pronto como la figura del comerciante adquiere relevancia social, merced a su enrique-cimiento, el dinero se convierte en objetivo de toda actividad, sea productiva o de servicios. Se trabaja para obtener dinero. El comerciante había pasado de ser vendedor y comprador en nombre de la comunidad (“lo comido por lo servido”) a ser autónomo, compra y vende a su comunidad y vende y compra a las demás por cuenta propia, juega con los precios, y eso le permite obtener un beneficio, en dinero, que puede ateso-rar y aumentar, cada vez, su negocio, y prestar a otros, si llega el caso. De esta forma pasa a obtener un beneficio mayor que el que le produciría el sólo cobro por su función de intermediario.

DON DINERO ES EL REY

Trabajar más para producir más y mejor y poder vender se convierte en un fin en sí mismo. Ya no se produce únicamente lo necesario para vivir, sino que se produce para poder vender por dinero. Pero, al mismo tiempo, el productor, el trabajador, poco a poco, perdió autonomía, ya no le bastaban sus manos y sus conocimientos para trabajar, empezó a depender del dinero para producir, para comprar herramientas y materia prima, para transportar, para vender, e, incluso, para poner precio al fruto de su trabajo. Empieza a depender del comerciante intermediario y de quien tiene el dinero necesario para montar una empresa. Pronto, al no contar más que con sus manos, con sus conocimientos y habilidad, con su fuerza de trabajo,  ésta la tendrá que vender, como una mercancía más, en el mercado, como otra cualquiera, aceptando el precio que le ponga quien se la compre, el empleador, el contratador, y siempre en función de que haya muchos o pocos productores dispuestos a vender su fuerza de trabajo y del interés del empleador en contratarlos. Nace el trabajador asalariado.

Inicialmente, el oro (y demás metales utilizados como dinero) valía el trabajo que costaba extraerlo de las minas, fundirlo, acuñarlo y transportarlo, y la unidad de valor en que se subdividía se establecía en función del peso de las porciones. El dinero era una mercancía más, apenas variaba su valor, se podía almacenar, era fácil de conservar, y la más fácil de intercambiar porque su valor era reconocido por todos, por lo que se convirtió en la mercancía más apetecible, y pronto adquirió su carácter de bien económico, esto es, escaso, pues, aunque no se consumía con su uso, enseguida se convirtió en bien que había que atesorar. Atesorarlo permitía, además de comprar para consumir, y de tener “un seguro por lo que pudiera pasar”, también prestarlo a otros y cobrar por ello un “interés”. El dinero, además de valor en sí mismo, empezó a tener precio, o sea, el valor que cuesta obtenerlo prestado o, dicho de otra manera, la cantidad de más que había que devolver en su momento (intereses). Ya no importaba tanto lo que había costado producir el dinero, cuanto lo que estaba dispuesto a pagar por él quién lo necesitaba. De esta forma, el valor de las cosas empezó a no depender sólo del trabajo que costaba producirlas, sino también de lo que costaba obtener el dinero para hacerlo, en el caso de que no se poseyese lo suficiente. El empresario que quería montar un negocio y no tenía dinero para hacerlo, además de los costes del propio negocio, tenía que contar con que necesitaba obtener los ingresos suficientes para devolver el dinero prestado más los intereses.

De cualquier manera, el valor del dinero, como unidad de cambio equivalente, siempre sería el mismo, el que había costado producirlo, independientemente de que su precio, su valor en el mercado del dinero, fuese otro. Quien poseía una onza de oro podía saber siempre a qué atenerse. Su valor era inmutable. Es de necios confundir valor y precio, decía Machado.

EL REY DE OROS CAMBIA SU CORONA POR OTRA DE OROPEL (PAPEL)

Con el aumento del trasiego del dinero, el desgaste del metal, la pérdida de peso y, sobre todo, la dificultad de transportarlo, con seguridad, en grandes cantidades, dieron paso a un nuevo medio de intercambio: El dinero de papel. Ya no se entregaba oro como pago de una compra, sino un justificante de que había oro depositado en un lugar determinado y quién era su propietario, ofreciendo siempre la garantía de que, en cualquier momento, aquél justificante podía ir a cambiarse por la correspondiente cantidad de oro. Ya no hacía falta ir con el oro de acá para allá, para comprar y vender. El papel, que representaba un valor, podía pasarse de mano en mano y tardar mucho hasta que alguien decidiese cambiarlo por el oro que representaba.

Lógicamente, que se aceptase un papel como forma de pago, exigía que quien lo ofrecía tuviese la solvencia económica y social necesaria: debía ofrecer confianza. Y, aunque cualquier persona o entidad particular podía disfrutar de tal solvencia, la prerrogativa de emitir justificantes, billetes de banco, como sustitutivo del dinero metálico, recayó enseguida en el Estado. Así surgió la banca oficial.

En un principio, la cantidad de dinero de papel que se emitía era la necesaria para inter-cambiar las mercancías que circulaban en el mercado. Podía ser menor o igual que la cantidad de oro depositado, pero nunca mayor. No se emitían billetes porque sí, sino para facilitar el intercambio. Como es lógico, no se podían emitir varios justificantes sobre la misma cantidad de oro, porque había que garantizar poder canjear, en cualquier momento, por oro, todos los billetes emitidos. En esa época, los billetes de banco eran dinero total y obligatoriamente convertibles. Quiere decir que en cualquier momento se podía cambiar la totalidad de los billetes por la cantidad de oro correspondiente.

Sin embargo, fruto de todas las facilidades que este sistema monetario otorgaba para producir y comerciar, y bajo la presión constante del máximo beneficio como objetivo, la necesidad de disponer de más dinero en circulación superó la cantidad total de oro depositado, y dio lugar a la aparición del dinero de papel parcialmente convertible. ¿Qué quiere decir esto?

EL DINERO DE PAPEL SE CONVIERTE EN EL REY DEL MUNDO

Pronto se observó que, la mayoría de la gente no acudía inmediatamente a canjear sus billetes por oro. Se comprobó estadísticamente qué porcentaje acudía normalmente a hacerlo y, por lo tanto, qué cantidad máxima de billetes se podía emitir, sin poner en peligro la convertibilidad del dinero y la confianza en el sistema o, dicho de otra manera, qué cantidad mínima de oro había que conservar en depósito para garantizar que, quien viniera con su billete, se pudiera llevar la cantidad de oro correspondiente. La emisión de billetes aumentó hasta lo máximo aconsejable. Y consecuentemente aumentó la posibilidad de atesorar, de prestar, de conceder créditos, aumentó la actividad, aumentó la producción y el comercio y también aumentó la cantidad que se cobraba por intereses. Quienes tenían dinero atesorado aprovechaban la ocasión y cada vez exigían más intereses. El mercado del dinero fue cogiendo peso, convirtiéndose, en poco tiempo, en el eje central de la economía. Los billetes dejaron de considerarse como justificantes de un depósito de oro, pasando a ser tratados como bienes en sí mismos, como mercancías que se podían comprar y vender, y cuyo precio, como el de todas las mercancías, dependía de lo que te quisieran pagar por ellas. El dinero empezó a convertirse en un valor relativo. Los billetes ya no representaban el valor de lo que había costado producirlos. Pero ahí no paró la cosa. Se empezó a emitir “papel” de todo tipo, justificantes o títulos representativos de valores diversos que servían también para pagar en los intercambios, se pagaba con “letras” de cambio, con pagarés, con acciones, con obligaciones, títulos emitidos por los estados, pero también por particulares… de tal manera que las posibilidades de realizar operaciones de intercambio aumentaron hasta el infinito. En realidad, en el mercado del dinero, en las Bolsas, lo que más frecuentemente se compra y vende son papeles que representan deudas, promesas de beneficios futuros, no bienes tangibles contantes y sonantes. El crédito se ha constituido en instrumento fundamental para mover la economía.

Todo este proceso vino impulsado por circunstancias diversas que aconsejaban su desarrollo, especialmente las crisis y las guerras. La necesidad de más dinero para “relanzar la actividad”, que permitiese reparar los daños ocasionados, por ejemplo, por las dos grandes guerras del s.XX, sobre todo por la segunda, urgió una mayor agilidad en la utilización del dinero que, hasta entonces, dependía demasiado del oro. Y el progreso en las comunicaciones facilitaron que un mismo bien, “sin moverlo del almacén”, se vendiera y comprara, varias veces, en un mismo día, produciendo beneficios, supuestamente, a todos los que intervenían en el intercambio.

PONER ALGO DE ORDEN, PERO HASTA CIERTO PUNTO

Como había que poner algo de orden en esta vorágine, en 1944, se estableció un acuerdo internacional (Bretón Woods), por el que los billetes de banco de todos los estados se podían cambiar (convertir) por dólares, manteniendo el dólar un valor fijo de equivalencia expresado en oro. La banca oficial norteamericana se convertía en banco emisor mundial y su solvencia descansaba en sus reservas de oro y en el potencial de su economía, poco dañada por la guerra. Los productos y los billetes yanquis invadían todos los mercados. El comercio entre estados se realizaba en dólares y el mundo se fiaba de que la Reserva Federal de los EEU, en cualquier momento, podía hacer frente a las demandas de oro de cualquier portador de billetes verdes.

Después de un “largo” período de 27 años, EEUU, agobiado por su deuda con otros países, suspendió unilateralmente la convertibilidad del dólar. Ya no garantizaba su canje por oro, ni mantenía su equivalencia fija con una cantidad de este metal. La economía americana había perdido terreno, ya no ingresaba tanto, y se vio obligada a  emitir billetes sin valor propio objetivo, ya que no estaban respaldados por una cantidad equivalente de oro sino por su supuesta solvencia económica.

A partir de ese momento, el valor del dinero depende de la necesidad que haya de él y de la cantidad del mismo que esté circulando en el mercado. O sea, de la oferta y demanda de dinero. Cuando el dinero se guarda, o cuando hay poco, la cantidad que se ofrece pagar para comprar un producto es menor y, en proporción, el valor del producto sube, los precios bajan. Cuando se pone todo “a gastar” o se emiten más billetes, la cantidad que se está dispuesto a pagar por un producto es mayor, el valor del producto baja, los precios suben: se produce inflación. Quienes tienen el poder reconocido o supuestamente atribuido de emitir billetes tienen claramente un gran arma en su mano para influir en el valor del dinero, en el de la producción y en la economía en general.

La actual crisis del euro, moneda creada para arrebatar parte del poder económico a los EEUU, viene marcada por todos los condicionantes derivados de la lucha por el poder económico, por el control del dinero, por la autoridad para emitir billetes, en definitiva, por todos los condicionantes de la historia del dinero, tal como se ha desarrollado a lo largo de los tiempos.

MORALEJAS

A partir de este momento, el trabajador no sólo depende de lo que le quieran pagar por su trabajo, sino, además, de lo que le quieran dar en la tienda por el dinero que ha cobrado como salario.

La Humanidad ha sabido vivir, durante casi 800.000 años, sin dinero. La aparición de éste se calcula que se produjo, como mucho, hace 6.000. Los primeros billetes oficiales de papel moneda no hace más de 200. El cambio del patrón-oro por el patrón-dólar 65. Y el abandono del dinero a su suerte hace sólo 35 años.

En 1948, un comerciante santanderino compró a peso un vagón de billetes de marco alemán de curso legal en aquél momento. El marco valía entonces muy poco, y pensó que la economía alemana se recuperaría y el marco subiese. A los pocos días, el gobierno alemán sustituyó aquél marco por otro, anulando el anterior. Al avispado santanderino le quedó sólo el valor a peso del papel de los billetes, que, por tener tinta, ni siquiera servía entonces para reciclar, por lo que su negocio resultó todo un fiasco.

¿Será tan seguro el dinero actual? La crisis que vivimos demuestra que no.

¿Será tan imprescindible el dinero? La historia de la Humanidad parece atestiguar que tampoco.

¿Podemos hoy vivir sin dinero, sin bancos…?

viernes, 26 de agosto de 2011

Curso Popular de Economía. MATERIAL DEL BLOQUE 1.

GUIÓN PARA EL TRABAJO

Nota. Se trata, en esta fase, de trabajo personal, buscando definiciones, usando los medios al alcance de cada uno. Se trata de un esfuerzo individual, fundamental para digerir mejor los conceptos, cuyo resultado se complementará con la puesta en común en las sesiones de grupo. Es interesante, por tanto, que cada uno vaya guardando sus “averiguaciones” para que, llegado el momento de ponerlas en común, el volcado sea más ágil, yendo al grano.
 

Bloque 1. EL CAPITALISMO NO PROGRAMA SUS CRISIS
       
Radiografía de la crisis por sus manifestaciones

¿Qué son las hipotecas basura?
¿Qué las hipotecas subprime?
¿Qué son los activos tóxicos?
¿Qué es la “financiarización” de la economía?
¿Qué es la “titulización de los activos”?
¿Qué son los fondos o bancos de inversión?
¿Qué son los bonos de deuda?
¿Qué son los seguros y primas de riesgo?
¿Qué es la “deuda soberana”?
¿Qué son los “activos de/a futuro”?
¿Cuál es la diferencia entre economía productiva y economía financiera?
¿Qué es la “sobreacumulación” en la economía productiva?
¿Qué es el “subconsumo”, en general, en la economía?
Etc.

Los orígenes de esta crisis: ¿hay una fecha exacta?
    Cronología: apuntemos unas fechas y datos, al menos

Naturaleza de las crisis capitalistas:
   
    ¿Es lo mismo crisis del sistema que crisis social?
    ¿Qué relación hay entre ambas?
 
Causas generales de las crisis capitalistas: ¿son propias o ajenas?
¿O son consecuencia de un mal funcionamiento del sistema?
¿Es indispensable la confianza mutua para el funcionamiento del sistema capitalista?
¿Es suficiente esa confianza mutua para evitar las crisis?
¿Es posible esa confianza?
 
Naturaleza de esta crisis
   

El endeudamiento generalizado
        Sus Causas y origen
        Saldar, mantener o aumentar la deuda, ¿a quién interesa?
La invasión de los “activos tóxicos” ¿fruto de la globalización de la economía?
¿Quiénes son los deudores?
¿Quiénes los acreedores?
¿Qué o quiénes son “los mercados”?

La crisis ¿es un mal?
¿Por qué?
¿Para quién?
       
La crisis ¿es una oportunidad?
¿Por qué?
¿Para quién?

Distintas salidas de la crisis según quién cargue con sus consecuencias
    ¿Quién decide la forma de salir de las crisis?
            ¿Puede haber salidas que sean buenas para todas las partes?
 
Analizar y comentar:

Anexo 1. Texto: Rebelion. El mayor problema en España y en la Eurozona no es ni el déficit ni la deuda pública.

Vicenç Navarro

Como he indicado en otro texto, los conceptos de déficit público y deuda pública son conceptos que se utilizan constantemente (en la literatura económica, así como en la popular) en términos alarmantes, como si el crecimiento del déficit y de la deuda pública representaran un problema gravísimo para nuestras economías en la Unión Europea (UE).

En realidad, frecuentemente ambas se presentan como las causas del estancamiento de las
economías en la Unión Europea de los Quince (UE-15). Estas afirmaciones, constantemente reproducidas no sólo en los medios de mayor difusión, sino también en revistas de información económica, no tienen ninguna base científica. El déficit público del estado estadounidense en 2010 fue del 10.6% del PIB, mayor que el promedio de los países de la Eurozona (6%). Y dentro de EEUU hay un estado, California, que, tanto en términos absolutos, como proporcionales, tiene una deuda pública que es mayor que la de Grecia o cualquier otro país de la Eurozona. Y a pesar de ello, el dólar es más estable que el euro y no es sujeto de campañas especulativas como está ocurriendo ahora con el euro.

El hecho de que esto ocurra no se debe ni a causas económicas, ni a causas monetarias, ni a causas financieras. Se debe única y exclusivamente a causas políticas, que son las que configuran los problemas económicos, monetarios y financieros. No hay que confundir (aunque tal confusión ocurre constantemente) los síntomas (los problemas) con las causas
de la enfermedad (la distribución del poder en cada sociedad). El problema de la falta de estabilidad del euro se debe a que no hay un estado que le de soporte frente a las avalanchas especulativas. El dólar, en cambio, tiene un estado federal que lo apoya (apoyando también a California). Que ello no ocurra en la Eurozona (y en la UE) se debe al excesivo poder del capital financiero en los países de la UE-15, poder que se lleva a cabo con la complicidad de las grandes corporaciones transnacionales, así como de las clases dominantes de cada país de la Eurozona. Son estos grupos y clases los que crearon la estructura de la Eurozona con el objetivo de debilitar al mundo del trabajo. Hoy estamos viendo la aplicación de políticas de claro corte neoliberal (desregulación de los mercados laborales, con dilución y debilitamiento de los convenios colectivos y sindicatos, y reducción de la protección social y del estado del bienestar) que tienen el propósito de reducir los salarios y debilitar a las clases trabajadoras (erróneamente definidas como clases medias, término que se utiliza en EEUU para definir a las clases trabajadoras) de los países de la Eurozona.

Evidencia que apoya tal postura

Varios indicadores muestran la veracidad de tal postura, raramente visibles en los medios y/o en los forums de debate político dominantes. Uno de ellos es el énfasis en salir de la crisis a base de reducir el déficit público mediante recortes del gasto público. El objetivo que se utiliza en la argumentación neoliberal en defensa de estas reducciones de gasto público (en transferencias y servicios públicos) es que hay que disminuir la deuda pública que el déficit genera. Pero el mayor problema que existe en España no es la deuda pública, sino la privada. La deuda pública representa sólo el 13% de toda la deuda. La gran parte de la deuda es deuda privada (87%). ¿Por qué, entonces, este énfasis en querer reducir la deuda pública? En realidad, en este intento de reducir el déficit y la deuda pública, se están recortando también las pensiones públicas que no tienen nada que ver con el déficit público. La Seguridad Social no está incorporada en el presupuesto del estado, y la mayoría de las pensiones son las contributivas, que no se pagan con impuestos y que no afectan, por lo tanto, al déficit. Pero el hecho de que se reduzcan las pensiones no tiene nada que ver con la reducción del déficit y de la deuda pública. Lo que en realidad se desea es disminuir la protección social (de la cual la Seguridad Social es un elemento clave) para debilitar al mundo del trabajo. Un tanto parecido ocurre con el descenso de los salarios de los empleados públicos. El objetivo más importante de esta medida no es ahorrar fondos
públicos (que podría conseguirse aumentando selectivamente los impuestos, tal como ha sugerido el sindicato de Inspectores de Hacienda del propio Ministerio de Economía del Estado español), sino presionar para bajar los salarios, tanto públicos como privados, resultado de la interconexión salarial entre el sector privado y el sector público. En realidad, el endeudamiento público en España es hoy incluso bajo (en términos proporcionales), y ello es una de las causas del elevado endeudamiento privado, que es el mayor problema que tiene España. Y este endeudamiento privado se debe a varios factores. Uno de ellos es la mala distribución de las rentas en España, otro tema raramente citado en los medios y en el debate político. Desde que España ha entrado en el euro, las rentas del trabajo como porcentaje de la renta total han ido disminuyendo en una proporción incluso mayor que en el promedio de la Eurozona. Y ello a pesar de que el porcentaje de la población que se ha ido incorporando al mercado de trabajo ha ido aumentando. Lo que este dato indica es que –en contra de lo que muestra la argumentación neoliberal- los salarios han crecido menos que la productividad. ¿Cómo se explica, sino, que las rentas del capital hayan crecido más rápidamente que las rentas del trabajo durante este periodo?

Las causas del crecimiento del sector financiero

Esta pérdida de la capacidad adquisitiva ha forzado el enorme crecimiento del endeudamiento, el cual no tuvo un impacto negativo en la demanda (hasta que apareció la crisis en 2008), debido a la facilidad de conseguir créditos a bajos intereses, resultado de tener el euro como moneda. Ello benefició, en particular, a los países periféricos de la Eurozona, incluida España, para los cuales el cambio de su moneda al euro significó un aumento de la estabilidad y acceso al crédito. De ahí que la introducción del euro significara el crecimiento del endeudamiento y, por lo tanto, del sector financiero dentro de las economías, crecimiento que se hizo a costa de los sectores de la economía productiva. La burbuja inmobiliaria en España es un ejemplo de ello. Este endeudamiento fue financiado por capital extranjero. De nuevo, este endeudamiento exterior fue predominantemente del sector privado (83%). Sólo una parte muy pequeña de la deuda externa procede del sector público (17%). Es sorprendente, pues, que toda, o casi toda, la atención se centre en la deuda exterior pública, cuando el mayor problema es la deuda exterior privada. En realidad, todo el énfasis (que abarca la atención mediática y política) en
la “presión de los mercados financieros” es claramente desorbitada. La mayoría de la deuda pública española es doméstica (54%), y sólo una minoría (44%) es extranjera (procediendo predominantemente de bancos alemanes y franceses). Los desorbitados intereses que se imponen a la deuda pública (por parte de unas agencias de evaluación que son meros instrumentos de la banca) representan un enorme flujo de fondos públicos a la banca, de la cual la mayoría es la banca española (y otras entidades financieras). Y ahí está el otro problema que raramente se cita. La banca y las entidades financieras reciben dinero prestado del Banco Central Europeo a unos intereses muy bajos (1%).Y con este dinero compran deuda pública a unos intereses de la deuda pública que van del 6% en España a un 12% en Portugal (los bancos españoles son los que poseen más deuda pública portuguesa) y 17% en Grecia. Así se forran de dinero según el proceso que llaman de capitalización, sin que dediquen estos fondos a proveer crédito. Y para colmo, según las reglas del juego, el Banco Central Europeo no puede prestar dinero directamente a los Estados. Últimamente, ante la gravedad de la crisis, ha comenzado a comprar bonos públicos de los Estados en situación difícil, pero, incluso ahora, no puede comprar bonos directamente al Estado, sino que tiene que comprar bonos públicos a los bancos (lo que se llaman mercados secundarios). La mayoría de la deuda externa es la que deben las
instituciones financieras a los bancos alemanes y franceses. En realidad, los bancos de los países centrales de la Eurozona han prestado 1.579 billones de euros a los países periféricos, de los cuales sólo el 17% son en deuda pública a los estados periféricos. La enorme austeridad impuesta a los estados parece desproporcionada teniendo en cuenta que es una parte muy menor. Pero lo que es digno de mención es que cuando la banca entró en crisis, con graves problemas de insolvencia debido a la deuda externa, fueron los estados, incluyendo los estados periféricos, los que invirtieron enormes cantidades de fondos públicos para salvarla, ayuda que se hizo sin poner condiciones. En realidad, parte de la deuda pública se debe al esfuerzo público para ayudar a la banca. Y la llamada ayuda de la “troika” (Consejo Europeo, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional) es, en realidad, ayuda a los estados para que paguen a los bancos, incluyendo los bancos de los países centrales.

¿Por qué se intenta debilitar al mundo del trabajo?

Según la argumentación neoliberal, la salida de la crisis en la Eurozona pasa por la aplicación del modelo alemán al resto de países. El modelo alemán es el modelo exportador, basado en unos salarios bajos (en relación con su productividad) que crean una plusvalía que genera una acumulación de euros. Pero tal modelo es inviable, entre otras razones, porque un modelo exportador requiere países importadores. Y puesto que los importadores son países de la Eurozona, la reducción salarial y los recortes de gasto público reducen la demanda. Es más, intentar salir de la crisis a base de reducir salarios y
protección social es profundamente erróneo, pues ignora la historia económica, que muestra como las recesiones necesitan medidas expansivas para salir de ellas. De ahí que las proyecciones de recuperación son inviables. Y la experiencia así lo demuestra. Desde que España entró en el euro, ha sido un alumno ejemplar de las enseñanzas neoliberales. En realidad, redujo su déficit, y de hecho tuvo un superávit, incluso a pesar de reducir los impuestos, sobre todo de las rentas superiores. Ello no le sirvió de nada (repito, de nada) para evitar la enorme crisis. En realidad, facilitó que la crisis fuera particularmente dañina, pues la reducción de impuestos significó que se creara un déficit estructural de su estado que explica que, una vez explotara la burbuja, el déficit del estado se disparara.

¿Cuáles son las alternativas?

La situación actual es insostenible. Quiere decir que los países periféricos estarán estancados durante muchos años. Sólo hay dos alternativas. Una de ellas es establecer una estructura federal europea, un Estados Unidos de Europa, comprometida en unas políticas expansivas de estímulo económico. El desarrollo de instituciones financieras, económicas y fiscales a nivel europeo, que sean responsables a instituciones democráticas (escasamente desarrolladas a este nivel, donde el Parlamento Europeo es una institución con escasas competencias en las áreas económicas, financieras y fiscales) sería imperativo en esta alternativa. Esta vía es la que están presionando componentes de las izquierdas europeas y de los sindicatos. La otra alternativa para los países de la periferia es salir del euro. Ahora bien, incluso esta opción depende de cómo se haría la salida del euro. Gran Bretaña no está en el euro y, sin embrago, es el país de la Unión Europea que está recortando más los gastos públicos. De ahí que una variable de enorme importancia, en caso de considerarse esta alternativa, sería discutir cómo se haría esta salida del euro y quien absorbería los costes de esta salida. Es un indicador de la escasa cultura democrática existente en España que no se haya iniciado un debate sobre estas alternativas. El único debate visible mediáticamente es cómo, cuándo y cuánto debe reducirse el déficit y la deuda pública. Y así estamos.